La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha emitido una alerta porque el continente se está llenando de ronchas, y México encabeza orgullosamente la lista de infectados, demostrando que cuando se trata de retroceder al siglo XIX, nadie nos gana. La OPS, en un tono que oscila entre la súplica y el regaño, nos recuerda que el 78% de estos nuevos casos son personas que decidieron que la ciencia es opcional, o sea, no estaban vacunadas.
En un arranque de "genialidad" estadística, en las primeras tres semanas del año se confirmaron 1,031 casos en la región, una cifra ridícula que es 43 veces mayor a la del año pasado. Y claro, como buenos anfitriones, México aportó 740 de esos casos, humillando a Estados Unidos que apenas llegó a 171 y a Canadá con sus tristes 67. Jalisco se lleva la medalla de oro en incidencia, siguiendo los pasos de Chihuahua, porque aparentemente el sarampión también quiere su propia gira nacional.
Y no se preocupen, que el escenario para la Copa Mundial de Futbol pinta divino. Mientras Canadá ya perdió su estatus de "libre de sarampión" y México y EE.UU. van corriendo hacia el mismo precipicio, nuestros brillantes gobiernos pidieron una prórroga de dos meses para ver si controlan el desastre. Para añadirle sabor al caldo, la administración de Trump decidió retirarse de la Organización Mundial de la Salud en enero, dejando a la OPS colgada justo cuando los datos son menos alentadores.
David Kershenobich, nuestro Secretario de Salud, dice muy tranquilo que hasta abril decidirán si será obligatorio vacunarse para el Mundial. ¡Abril! Porque nada dice "seguridad sanitaria" como esperar al último minuto mientras recibimos viajeros internacionales en masa.
Lo más trágico de esta comedia de errores es que, aunque los adolescentes y adultos andan esparciendo el virus, las tasas más altas de incidencia están en los bebés menores de un año. Todo gracias a esas "brechas persistentes de inmunización" y a que apenas el 20% de los países de la región logró la meta de vacunación para la segunda dosis.
Así que ya lo saben, corran a los aeropuertos o estaciones de autobuses donde el gobierno, en su infinita sabiduría, ha puesto las vacunas. O quédense esperando a ver si ganamos el Mundial de Futbol, porque el Mundial del Sarampión ya lo tenemos en la bolsa.
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