¡Bienvenidos a Aguascalientes! La tierra de la gente buena y, aparentemente, de la mano de obra extrabarata para que otros se hagan ricos. Es hora de hablar de nuestro romance codependiente con la industria automotriz, esa relación en la que nosotros ponemos la casa, la comida, la bebida, la cama, las sábanas, el vecindario, el amor, el perro y mucho esfuerzo, y ellos se llevan los muebles, el coche y toda la lana.
A la clase política local le encanta presumir el "dinamismo" que nos dan las armadoras, pero la realidad es un chiste cruel: tenemos una tasa altísima de "repatriación de utilidades". En español simple: el dinero entra a la fábrica y sale volando de regreso a Japón, Alemania o Estados Unidos antes de que puedas decir "ni-ssan". El gran reto, dicen los optimistas, es impulsar a la proveeduría local para que algo de capital se digne a quedarse en el estado. ¡Qué detalle!
Pero la tragedia hidrocálida no termina ahí. Mientras nos desvivimos por las grandes trasnacionales, las microempresas locales, que representan un aplastante 94% de los negocios en Aguascalientes, están ahí de adorno, con una aportación al valor agregado bastante triste. Básicamente, la economía está concentrada en unos pocos gigantes, mientras que a los pequeños les decimos que " le echen ganas" con digitalización precaria y contabilidad barata para sobrevivir.
¿Y qué tal los sueldos? Si pensabas que el TMEC nos iba a convertir en magnates, piénsalo dos veces. La brecha entre la miseria que se paga localmente y lo que exigen los tratados internacionales es abismal. Pero cuidado, no se te ocurra pedir un aumento por decreto; aquí la palabra mágica es "productividad". Si no ganas más, es porque te falta "modernizarte" o cambiar tu "cultura organizacional". Claramente, la culpa es tuya.
¿La solución brillante ante el riesgo de que las reglas de origen se endurezcan y nos dejen fuera del juego? ¡Hacer un observatorio!. Por lo menos esa es la recomendación del Colegio de Economistas de Aguascalientes, porque como dicen por ahí, "sin medición no hay estrategia" y sin estrategia perdemos competitividad. Así que, mientras se llevan las ganancias, nosotros nos quedaremos aquí muy atentos, monitoreando con lupa nuestra propia desgracia. ¡Eso es visión de futuro!
