Si creían que el drama cubano no podía tener más giros de guion patéticos, el destino —o la chapucería habitual— ha decidido darnos una nuev...
Si creían que el drama cubano no podía tener más giros de guion patéticos, el destino —o la chapucería habitual— ha decidido darnos una nueva lección. Porque, claro, cuando un país está sumido en la más absoluta miseria energética, ¿Qué es lo más lógico que puede ocurrir? ¡Exacto! Prenderle fuego a lo poco que queda.
Este viernes, la refinería "Ñico López" de La Habana decidió sumarse a la fiesta del desastre con un incendio "muy cerca" de donde, irónicamente, fondeaban dos petroleros. El Ministerio de Energía y Minas, en su habitual tono robótico, corrió a X (antes Twitter) para decir que todo está "controlado" y que, cómo no, "se investigan las causas".
La ironía es tan espesa que apenas un día antes, dos buques de la Armada de México atracaron en esa misma bahía llevando 800 toneladas de ayuda humanitaria para salvar los muebles de una isla que se hunde. El contexto, por supuesto, es para echarse a llorar... o a reír por no llorar. Con el grifo del petróleo venezolano cerrado tras la caída de Maduro y el Tío Sam amenazando con aranceles a quien se atreva a venderles una gota de crudo, la situación es apocalíptica. Pero tranquilos, que los genios de la planificación central tienen una solución brillante: dejar de trabajar.
Sí, han implementado un "plan de emergencia" que incluye una jornada laboral de cuatro días. Porque claro, si no trabajas, no gastas luz. Es la lógica aplastante del comunismo tropical: convertir la parálisis productiva en una "estrategia de ahorro". Restringen la venta de combustible y mandan a la gente a su casa, probablemente a mirar el techo porque tampoco habrá electricidad para encender el televisor o la radio.
En fin, a Cuba le llueve sobre mojado, pero lo triste es que ni el agua alcanza para apagar el incendio de la ineficacia gubernamental.
Este viernes, la refinería "Ñico López" de La Habana decidió sumarse a la fiesta del desastre con un incendio "muy cerca" de donde, irónicamente, fondeaban dos petroleros. El Ministerio de Energía y Minas, en su habitual tono robótico, corrió a X (antes Twitter) para decir que todo está "controlado" y que, cómo no, "se investigan las causas".
La ironía es tan espesa que apenas un día antes, dos buques de la Armada de México atracaron en esa misma bahía llevando 800 toneladas de ayuda humanitaria para salvar los muebles de una isla que se hunde. El contexto, por supuesto, es para echarse a llorar... o a reír por no llorar. Con el grifo del petróleo venezolano cerrado tras la caída de Maduro y el Tío Sam amenazando con aranceles a quien se atreva a venderles una gota de crudo, la situación es apocalíptica. Pero tranquilos, que los genios de la planificación central tienen una solución brillante: dejar de trabajar.
Sí, han implementado un "plan de emergencia" que incluye una jornada laboral de cuatro días. Porque claro, si no trabajas, no gastas luz. Es la lógica aplastante del comunismo tropical: convertir la parálisis productiva en una "estrategia de ahorro". Restringen la venta de combustible y mandan a la gente a su casa, probablemente a mirar el techo porque tampoco habrá electricidad para encender el televisor o la radio.
En fin, a Cuba le llueve sobre mojado, pero lo triste es que ni el agua alcanza para apagar el incendio de la ineficacia gubernamental.
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