Cuba se está derrumbando. Ese guion de ciencia ficción que La Habana escribe con tanto esmero nos asegura que esto no es culpa de décadas de...
Cuba se está derrumbando. Ese guion de ciencia ficción que La Habana escribe con tanto esmero nos asegura que esto no es culpa de décadas de ineptitud, sino de ese villano de caricatura que es el "bloqueo".
Bienvenidos al colapso anunciado. Pónganse cómodos, porque el espectáculo de la victimización está por comenzar.
El Arte de Tropezar con la Misma Piedra (y culpar a la piedra)
Resulta fascinante la capacidad del régimen cubano para venderse como una víctima inerme de Estados Unidos, una narrativa que requiere una lobotomía histórica colectiva para ser creída. Según el dogma revolucionario, la isla es un paraíso de eficiencia asediado, y no un modelo de desarrollo improductivo y dependiente que se volvió adicto al petróleo regalado por Venezuela.
Pero claro, cuando el azúcar glas de los subsidios venezolanos se acabó —algo que hasta un niño de primaria vio venir—, la economía cubana, con su PIB en caída libre y su obsesión monomaníaca por construir hoteles vacíos para turistas que no llegan, hizo crack. ¿La solución genial del gobierno? Desempolvar los grandes éxitos de los 90: la "Opción Cero".
Sí, esa maravillosa estrategia de supervivencia que consiste en cerrar universidades, cancelar el transporte y apagar el país. Porque nada grita "victoria socialista" como paralizar tu propia nación antes de que lo haga el enemigo.
Aquí entran los actores de reparto: la izquierda latinoamericana. Gobiernos como México y Chile corren a enviar ayudas bajo la excusa de la "crisis humanitaria", aunque en realidad están financiando el mito de la resistencia.
Es enternecedor ver cómo la Cancillería mexicana compara el desastre sistémico del castrismo con un huracán o un terremoto. Claro, porque la incompetencia estructural de 60 años es un "fenómeno natural". Mientras tanto, La Habana exige esta solidaridad paternalista sin hacerse cargo de un solo error, utilizando la miseria de su gente como rehén para negociar legitimidad internacional.
Represión: La Única Industria que Funciona
Mientras el país se apaga, lo único que trabaja a plena capacidad es la maquinaria represiva. A diferencia de Venezuela, que al menos finge con amnistías, el gobierno de Díaz-Canel ha decidido que la mejor forma de celebrar el colapso es aumentar la represión y realizar arrestos extrajudiciales.
Lo más irónico —y aquí el humor negro se escribe solo— es que el famoso "cerco energético" yanqui no es tan absoluto como lloran en la ONU. La producción nacional cubre el 40% del consumo, lo suficiente para mantener al régimen en soporte vital, funcionando a "media máquina".
Esta es la jugada maestra: administrar la miseria lo suficiente para que no haya un estallido social, vender la supervivencia como un logro heroico de la Revolución y esperar a que Rusia o México manden un tanquero de gasolina para pasar el mes. Es una ficción, sí, pero una ficción muy rentable.
Bienvenidos al colapso anunciado. Pónganse cómodos, porque el espectáculo de la victimización está por comenzar.
El Arte de Tropezar con la Misma Piedra (y culpar a la piedra)
Resulta fascinante la capacidad del régimen cubano para venderse como una víctima inerme de Estados Unidos, una narrativa que requiere una lobotomía histórica colectiva para ser creída. Según el dogma revolucionario, la isla es un paraíso de eficiencia asediado, y no un modelo de desarrollo improductivo y dependiente que se volvió adicto al petróleo regalado por Venezuela.
Pero claro, cuando el azúcar glas de los subsidios venezolanos se acabó —algo que hasta un niño de primaria vio venir—, la economía cubana, con su PIB en caída libre y su obsesión monomaníaca por construir hoteles vacíos para turistas que no llegan, hizo crack. ¿La solución genial del gobierno? Desempolvar los grandes éxitos de los 90: la "Opción Cero".
Sí, esa maravillosa estrategia de supervivencia que consiste en cerrar universidades, cancelar el transporte y apagar el país. Porque nada grita "victoria socialista" como paralizar tu propia nación antes de que lo haga el enemigo.
Aquí entran los actores de reparto: la izquierda latinoamericana. Gobiernos como México y Chile corren a enviar ayudas bajo la excusa de la "crisis humanitaria", aunque en realidad están financiando el mito de la resistencia.
Es enternecedor ver cómo la Cancillería mexicana compara el desastre sistémico del castrismo con un huracán o un terremoto. Claro, porque la incompetencia estructural de 60 años es un "fenómeno natural". Mientras tanto, La Habana exige esta solidaridad paternalista sin hacerse cargo de un solo error, utilizando la miseria de su gente como rehén para negociar legitimidad internacional.
Represión: La Única Industria que Funciona
Mientras el país se apaga, lo único que trabaja a plena capacidad es la maquinaria represiva. A diferencia de Venezuela, que al menos finge con amnistías, el gobierno de Díaz-Canel ha decidido que la mejor forma de celebrar el colapso es aumentar la represión y realizar arrestos extrajudiciales.
Lo más irónico —y aquí el humor negro se escribe solo— es que el famoso "cerco energético" yanqui no es tan absoluto como lloran en la ONU. La producción nacional cubre el 40% del consumo, lo suficiente para mantener al régimen en soporte vital, funcionando a "media máquina".
Esta es la jugada maestra: administrar la miseria lo suficiente para que no haya un estallido social, vender la supervivencia como un logro heroico de la Revolución y esperar a que Rusia o México manden un tanquero de gasolina para pasar el mes. Es una ficción, sí, pero una ficción muy rentable.
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