¿Cansado de que las leyes te impidan poner en riesgo la vida de los demás? No te preocupes, parece que en 2025 el pasatiempo favorito de los conductores beodos fue saturar los Juzgados Cívicos Municipales con su lloradera legal favorita: el amparo.
Según la Dirección de Juzgados Cívicos, al menos 125 "ciudadanos ejemplares" decidieron que sus derechos constitucionales incluían el sagrado privilegio de conducir hasta las manitas, promoviendo recursos legales contra el operativo alcoholímetro.
Resulta conmovedor ver cómo el sistema judicial se convierte en el niñero de los irresponsables. De acuerdo con Moisés de Luna Martínez —el pobre diablo encargado de lidiar con esta marea de embriaguez procesal—, cada año se presentan en promedio unos 150 amparos de estos genios del volante. ¿Y para qué sirve tanto papel desperdiciado? Básicamente, para una victoria pírrica: obtienen una suspensión provisional que les permite salir del "torito" y no dormir en la celda que se merecen. ¡Felicidades, campeón! Te liberaste de la celda, pero no de tu idiotez.
Aquí viene la parte más hilarante de esta tragicomedia burocrática: estos estrategas legales creen que han vencido al sistema, pero la realidad les da una bofetada con sabor a resaca. El amparo sirve para que no te quedes detenido, sí, pero la multa se mantiene intacta, vigente y, para mayor dolor de tu codo, sin posibilidad de descuento alguno. Es decir, estos brillantes conductores terminan pagando al abogado para el amparo y la multa completa al municipio. Una jugada maestra financiera digna de un Nobel de Economía.
Pero la farsa no termina ahí. La Dirección de Juzgados Cívicos confirma que este procedimiento funciona de forma limitada y patética: la mayoría de estos juicios ni siquiera se terminan. ¿Por qué? Porque a los promoventes les importa un rábano la justicia; solo querían salir corriendo a curársela. Al no darle seguimiento, los casos terminan en sobreseimiento, demostrando que el amparo, ese noble derecho constitucional contra abusos de poder, se ha prostituido para convertirse en el pase VIP de salida rápida de los borrachos.
El resultado de este circo es evidente: el alcoholímetro sigue siendo la causa reina de las detenciones y, por ende, el principal motivo por el que los juzgados están hasta el cuello de trabajo inútil. Así que ya lo saben, si quieren contribuir al colapso administrativo y tirar su dinero a la basura, sigan el ejemplo de estos 125 iluminados. ¡Salud!
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