En el mágico Aguascalientes, la vida humana tiene un precio, y al parecer, es exactamente lo que cuesta la mensualidad de un auto nuevo. Ósc...
En el mágico Aguascalientes, la vida humana tiene un precio, y al parecer, es exactamente lo que cuesta la mensualidad de un auto nuevo. Óscar Romo, el compasivo presidente de la Agrupación del Gremio Taxista, ha salido a implorar una prórroga por lo que resta del año para que sus agremiados no tengan que deshacerse de sus legendarios Nissan Tsuru. Y es que, ¡pobrecitos!, reemplazar estas reliquias rodantes por vehículos que no sean trampas mortales cuesta entre 250 mil y 350 mil pesos de contado.
Para el gremio, enfrentar mensualidades de 7 mil a 10 mil pesos por seis años es una "carga considerable" y un proceso "complicado por la falta de recursos". Al parecer, invertir en no exponer a los pasajeros es un lujo innecesario que los presiona demasiado, por lo que Romo pide amablemente que se les dé más tiempo para que los conductores "no se sientan tan presionados".
Pero no se preocupen, porque la Agencia de Movilidad del Estado de Aguascalientes (AMEA) ha llegado al rescate... de la burocracia. Su titular, Ricardo Serrano Rangel, admitió con una envidiable pachorrudez que aún circulan unos 700 Tsurus por las calles. ¿La solución del gobierno ante estas máquinas de homicidio imprudencial? Darles como nueva fecha límite el 28 de febrero, no para que dejen de poner en peligro a la población, sino para que "regularicen su situación".
Es verdaderamente conmovedor ver cómo para la autoridad, el problema no es que el Tsuru se desintegre con una mirada fuerte, sino que los "papeles del título" estén mal o que el dueño original ya haya fallecido. A la AMEA le urge más que el papeleo del difunto esté en regla antes de preocuparse por evitar que el pasajero actual se reúna con él en el panteón.
Para aquellos amantes de las estadísticas macabras que aún dudan del peligro, recordemos el glorioso currículum de este "ataúd con ruedas", descontinuado en 2016. El Tsuru ostenta un impecable y redondo puntaje de cero estrellas en seguridad de Latin NCAP, tanto para adultos como para niños.
Para el gremio, enfrentar mensualidades de 7 mil a 10 mil pesos por seis años es una "carga considerable" y un proceso "complicado por la falta de recursos". Al parecer, invertir en no exponer a los pasajeros es un lujo innecesario que los presiona demasiado, por lo que Romo pide amablemente que se les dé más tiempo para que los conductores "no se sientan tan presionados".
Pero no se preocupen, porque la Agencia de Movilidad del Estado de Aguascalientes (AMEA) ha llegado al rescate... de la burocracia. Su titular, Ricardo Serrano Rangel, admitió con una envidiable pachorrudez que aún circulan unos 700 Tsurus por las calles. ¿La solución del gobierno ante estas máquinas de homicidio imprudencial? Darles como nueva fecha límite el 28 de febrero, no para que dejen de poner en peligro a la población, sino para que "regularicen su situación".
Es verdaderamente conmovedor ver cómo para la autoridad, el problema no es que el Tsuru se desintegre con una mirada fuerte, sino que los "papeles del título" estén mal o que el dueño original ya haya fallecido. A la AMEA le urge más que el papeleo del difunto esté en regla antes de preocuparse por evitar que el pasajero actual se reúna con él en el panteón.
Para aquellos amantes de las estadísticas macabras que aún dudan del peligro, recordemos el glorioso currículum de este "ataúd con ruedas", descontinuado en 2016. El Tsuru ostenta un impecable y redondo puntaje de cero estrellas en seguridad de Latin NCAP, tanto para adultos como para niños.
Tan solo entre 2007 y 2012, este orgullo local colaboró en 4,102 muertes en México, promediando 684 fallecidos al año. A pesar de que los expertos internacionales advirtieron que permitir su circulación es exponer a la gente a un "riesgo totalmente evitable de muerte", a la AMEA le preocupa más que el modelo de negocio sea "más rentable". ¡Claro! nada como ahorrarse unos pesos en estándares de seguridad mientras se comercializa un servicio inferior e inseguro.
Así que ya lo saben, estimados hidrocálidos: abróchense sus cinturones imaginarios y recen un rosario. Si ven venir un Tsuru, sepan que no están abordando un transporte público, sino pagando por una experiencia extrema de supervivencia.
Así que ya lo saben, estimados hidrocálidos: abróchense sus cinturones imaginarios y recen un rosario. Si ven venir un Tsuru, sepan que no están abordando un transporte público, sino pagando por una experiencia extrema de supervivencia.
enDOSminutos.com / Realidad irreverente
