El país entero está en shock -o tal vez solo fingiendo que les importa- porque Adán Augusto López Hernández ha decidido que ser el "pastor" del rebaño morenista en el Senado y presidir la Junta de Coordinación Política (Jucopo) es una tarea demasiado mundana para un titán de su calibre. Así es, este 1 de febrero, nuestro querido estratega "cerró un capítulo de alto perfil" para pasarle la estafeta (y los dolores de cabeza) a Ignacio Mier, quien ahora tendrá el privilegio de arrear a las ovejas legislativas.
¿Renuncia o patada estratégica?
Por supuesto, Adán Augusto se apresuró a aclarar —antes de que las malas lenguas (o sea, cualquiera con sentido común) pensaran mal— que esto no obedece a "presiones internas". ¡Faltaba más! Según él, abandonar el barco de la coordinación es un "replanteamiento estratégico". Ya saben, ese eufemismo político clásico para decir: "Me voy antes de que me saquen" o "Necesito asegurar mi futuro porque el presente está muy aburrido".
Lo más conmovedor es su sacrificio financiero: el señor no pedirá licencia. ¡Qué alivio! Seguirá cobrando como senador mientras se dedica a su verdadera pasión: el turismo electoral financiado por el erario. Él dice que su agenda se orientará a "fortalecer la estructura territorial", lo cual suena sospechosamente a ir de puerta en puerta asustando gente para que no se les olvide por quién votar dentro de tres años.
La "Misión Divina" en la Cuarta Circunscripción
Su nueva cruzada evangelizadora se enfocará en la Cuarta Circunscripción (Ciudad de México, Guerrero, Morelos, Puebla y Tlaxcala), porque aparentemente esos lugares no tienen suficientes problemas y necesitan urgentemente la presencia de Adán Augusto para "consolidar" el amor al partido. Su objetivo es realizar una "operación política de campo", término elegante para describir el viejo arte de aceitar la maquinaria y apretar tuercas con los gobernadores afines.
La obsesión enfermiza con 2027
Mientras el país se cae a pedazos hoy, la prioridad de estos próceres es, por supuesto, ganar las elecciones de 2027 y asegurar que nadie les quite su preciada mayoría calificada. La lógica es impecable: ¿Para qué legislar ahora si puedes pasar los próximos años en campaña perpetua asegurando gubernaturas?.
En resumen, Adán Augusto no se retira, se "reposiciona". Deja el trabajo real de la Jucopo en manos de Mier para convertirse en el operador de lujo que nadie pidió, pero que todos pagaremos, con la única meta de perpetuar el poder del movimiento.
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