Donald Trump, el hombre que ha decidido que las recomendaciones médicas son solo sugerencias para personas con una "genética inferior", nos ha regalado una nueva cátedra de salud presidencial. A sus 79 años, Trump insiste en que su vitalidad no es fruto de la ciencia, sino de sus genes de campeonato. Mientras los simples mortales escuchamos a los doctores, él prefiere su propio criterio, especialmente cuando se trata de su dosis diaria de ¡325 miligramos de aspirina!.
Sus médicos, aguafiestas con títulos universitarios, le han rogado que baje la dosis a los habituales 81 miligramos, pero Trump tiene una lógica que ya quisiera la 4T: no quiere "sangre espesa" fluyendo por su corazón, él quiere "sangre fina". Es fascinante ver cómo ignora que la ciencia advierte que ese exceso de "fluidez" aumenta drásticamente el riesgo de sangrado interno, úlceras estomacales y accidentes cerebrovasculares hemorrágicos. Pero claro, ¿qué sabe la medicina moderna frente a la superstición de un hombre que cree que su cuerpo funciona como una tubería de cocina?.
Esa misma sangre "fina" parece estar pasándole factura a su piel, la cual ha desarrollado la fragilidad de un pergamino antiguo. Trump ha confesado que debe usar maquillaje en las manos para ocultar hematomas y cortes producto de golpes insignificantes, como el roce de un anillo durante un saludo. Los expertos dirían que esto es púrpura senil o fragilidad capilar agravada por el uso prolongado de aspirina, que hace que cualquier impacto leve cause una mancha morada poco estética. Sin embargo, para el presidente, el maquillaje no es vanidad, sino "camuflaje de guerra" contra los muebles de la Casa Blanca.
En cuanto a su rutina de ejercicios, Trump ha revolucionado la medicina deportiva al declarar que el golf es el único ejercicio necesario, calificando cualquier otra actividad, como caminar en una cinta, como algo "aburrido". Esto, combinado con una dieta rica en hamburguesas, papas fritas y niveles industriales de sal, lo ha llevado a obtener una "edad cardíaca" de 65 años según una inteligencia artificial de la Mayo Clinic. Es verdaderamente un milagro biológico: un corazón que rejuvenece a base de grasas trans y sedentarismo selectivo.
Finalmente, Trump ha desmentido los rumores de que se queda dormido en eventos públicos, a pesar de las imágenes que lo muestran con los ojos cerrados en reuniones de gabinete. Según él, simplemente duerme muy poco. Y si necesita que le griten para escuchar en las reuniones o que su esposa le repita las preguntas, no es por pérdida auditiva, es porque "hay mucha gente hablando". Al parecer, en el universo de Trump, la vejez no es un proceso biológico, sino una conspiración mediática que se soluciona con una buena capa de maquillaje y una dosis excesiva de anticoagulantes.
Seguir el régimen de salud de Trump es como intentar que un auto clásico funcione mejor echándole solvente directamente al tanque de gasolina para que el combustible sea "más fino": puede que el motor parezca rugir con fuerza un momento, pero tarde o temprano las mangueras van a empezar a gotear por todos lados.
