Si alguien pensaba que el Foro Económico Mundial era un lugar aburrido lleno de trajes grises y canapés insípidos, claramente no contaban co...
Si alguien pensaba que el Foro Económico Mundial era un lugar aburrido lleno de trajes grises y canapés insípidos, claramente no contaban con el factor caos del presidente Donald Trump.
Aquí el resumen de cómo un solo hombre logró que la élite mundial pasara de la incredulidad a la risa nerviosa en tiempo récord.
Groenlandia: "La oferta que no pueden rechazar"
Al parecer, la obsesión de Trump por comprar países como si fueran hoteles en bancarrota sigue viva. Trump se quejó de que Groenlandia es "fría y está mal ubicada" —una reseña de TripAdvisor que nadie pidió—, pero insistió en que cederle el control a EE. UU. es "una petición muy modesta".
En un alarde de diplomacia, Trump aseguró benevolentemente: "No tengo que usar la fuerza. No quiero usar la fuerza". Qué alivio, ¿no? Pero añadió que si Europa dice que no, "lo recordaremos".
Y para rematar su clase de historia alternativa, llamó a Estados Unidos "estúpido" por haber "devuelto" la isla tras la Segunda Guerra Mundial, ignorando el pequeño detalle de que EUA nunca fue dueño de Groenlandia.
Europa: De nada, ingratos
Trump no perdió tiempo en recordarles a los líderes europeos que, básicamente, son unos inútiles sin él. Con la sutileza de un martillo, soltó: "Sin nosotros, la mayoría de los países ni siquiera funcionan".
Luego, desempolvó ese chiste rancio, recordándole a la audiencia que, si no fuera por Estados Unidos, "todos estarían hablando alemán y un poco de japonés". Además, aprovechó para decir que las ciudades europeas ya no se reconocen, un guiño nada sutil a la inmigración, afirmando que Europa "no va en la dirección correcta".
Geografía para Dummies: El caso de "Islandia"
En un momento de brillantez cognitiva, el presidente culpó de la caída del mercado de valores estadounidense a "Islandia". ¿El problema? Los analistas dicen que el mercado cayó por sus amenazas sobre Groenlandia. "Islandia ya nos ha costado mucho dinero", dijo, confundiendo un país soberano con el territorio que quiere comprar.
Rencores personales como política de Estado
¿Por qué los aranceles a Suiza subieron al 39%? ¿Estrategia económica compleja? No. Resulta que la expresidenta suiza, Karin Keller-Sutter, le cayó mal por teléfono. "Fue muy repetitiva... Me cayó muy mal", confesó Trump. Así que subió los impuestos.
El ataque a todo lo que se mueva
La diatriba no discriminó. Atacó a la energía eólica, llamando "gente estúpida" a quienes compran turbinas chinas, aunque mintió al decir que China no las usa.
Y para finalizar, al Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, que en su discurso mencionó que la hegemonía de EE. UU. podría estar terminando, Trump respondió: "Canadá vive gracias a Estados Unidos. Recuérdalo, Mark".
En resumen, Trump fue a Davos a decirles a todos que son irrelevantes o desagradecidos. Y mientras, la sala se llenaba de risitas nerviosas.
Aquí el resumen de cómo un solo hombre logró que la élite mundial pasara de la incredulidad a la risa nerviosa en tiempo récord.
Groenlandia: "La oferta que no pueden rechazar"
Al parecer, la obsesión de Trump por comprar países como si fueran hoteles en bancarrota sigue viva. Trump se quejó de que Groenlandia es "fría y está mal ubicada" —una reseña de TripAdvisor que nadie pidió—, pero insistió en que cederle el control a EE. UU. es "una petición muy modesta".
En un alarde de diplomacia, Trump aseguró benevolentemente: "No tengo que usar la fuerza. No quiero usar la fuerza". Qué alivio, ¿no? Pero añadió que si Europa dice que no, "lo recordaremos".
Y para rematar su clase de historia alternativa, llamó a Estados Unidos "estúpido" por haber "devuelto" la isla tras la Segunda Guerra Mundial, ignorando el pequeño detalle de que EUA nunca fue dueño de Groenlandia.
Europa: De nada, ingratos
Trump no perdió tiempo en recordarles a los líderes europeos que, básicamente, son unos inútiles sin él. Con la sutileza de un martillo, soltó: "Sin nosotros, la mayoría de los países ni siquiera funcionan".
Luego, desempolvó ese chiste rancio, recordándole a la audiencia que, si no fuera por Estados Unidos, "todos estarían hablando alemán y un poco de japonés". Además, aprovechó para decir que las ciudades europeas ya no se reconocen, un guiño nada sutil a la inmigración, afirmando que Europa "no va en la dirección correcta".
Geografía para Dummies: El caso de "Islandia"
En un momento de brillantez cognitiva, el presidente culpó de la caída del mercado de valores estadounidense a "Islandia". ¿El problema? Los analistas dicen que el mercado cayó por sus amenazas sobre Groenlandia. "Islandia ya nos ha costado mucho dinero", dijo, confundiendo un país soberano con el territorio que quiere comprar.
Rencores personales como política de Estado
¿Por qué los aranceles a Suiza subieron al 39%? ¿Estrategia económica compleja? No. Resulta que la expresidenta suiza, Karin Keller-Sutter, le cayó mal por teléfono. "Fue muy repetitiva... Me cayó muy mal", confesó Trump. Así que subió los impuestos.
El ataque a todo lo que se mueva
La diatriba no discriminó. Atacó a la energía eólica, llamando "gente estúpida" a quienes compran turbinas chinas, aunque mintió al decir que China no las usa.
Y para finalizar, al Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, que en su discurso mencionó que la hegemonía de EE. UU. podría estar terminando, Trump respondió: "Canadá vive gracias a Estados Unidos. Recuérdalo, Mark".
En resumen, Trump fue a Davos a decirles a todos que son irrelevantes o desagradecidos. Y mientras, la sala se llenaba de risitas nerviosas.
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