El culpable del desastre del Tren Interoceánico es… (redoble de tambores)… ¡el maquinista!
¡Oh, qué sorpresa tan monumental! ¿Quién lo hubiera imaginado? Resulta que la culpa no es de la infraestructura, ni de la planeación, ni de las prisas políticas. No, señores. La Fiscalía General de la República (FGR), con la inigualable Ernestina Godoy al micrófono, ha salido a iluminarnos: el descarrilamiento en Oaxaca que dejó el macabro saldo de 14 muertos fue culpa exclusiva del conductor, ese maniaco de la velocidad que se sintió piloto de Fórmula 1.
Agárrense de sus asientos, porque las cajas negras han hablado: este temerario al volante decidió desafiar las leyes de la física y el sentido común viajando a la vertiginosa, inaudita y aplastante velocidad de 65 km/h. ¡Qué barbaridad! Al parecer, en la curva del siniestro el límite era de 50 km/h, pero nuestro "correlón" quiso sentir la adrenalina de ir 15 kilómetros por hora más rápido. ¡Ni en Rápido y Furioso se atrevieron a tanto!
Por supuesto, la narrativa oficial es tan inmaculada como predecible. La funcionaria aseguró que el tren era una joya de la ingeniería: funcionaba "adecuadamente" y los frenos eran una maravilla que detenía al convoy "sin problema" en otras estaciones. ¡Faltaba más! No vayan a ser ustedes unos malpensados y creer que una de las obras de infraestructura más importantes del gobierno de López Obrador podría tener algún defecto; eso sería pura herejía neoliberal. Todo era perfecto, excepto el humano que la operaba.
La tragedia, ocurrida el pasado 28 de diciembre, provocó que la máquina principal y cuatro vagones se salieran de las vías cerca de Nizanda, Oaxaca. Y mientras el maquinista salió ileso del accidente y ya fue detenido en Chiapas, la FGR ya reparte cargos por homicidio y lesiones involuntarias, aunque convenientemente se les olvidó mencionar el nombre del villano en turno.
Así que ya lo saben: el desarrollo económico del sureste va sobre rieles... o bueno, a veces fuera de ellos, siempre y cuando no cometas la osadía de pisar el acelerador en una curva diseñada para transitar a paso de tortuga. Estaba más cantado que "Las mañanitas": al final, la culpa siempre es del chofer.
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