Carlos Slim, ese entrañable faraón de las telecomunicaciones y de prácticamente todo lo que tocas, ha decidido que eso de compartir no va con él. Si al señor le gusta un negocio, se queda con el pastel completo, porque las mitades son para los mediocres. Y esta vez, su capricho es el petróleo.
Mientras el mundo "moderno" se llena la boca hablando de bonos verdes, hidrógeno y salvar a los osos polares, Slim dobla su apuesta por el oro negro tradicional. ¿Por qué? Porque Slim no persigue tendencias ridículas de Twitter, ahora X; Slim persigue flujo de efectivo constante y sonante.
Grupo Carso confirmó que le comprará a la rusa Lukoil su mitad del negocio en los campos Ichalkil y Pokoch. La operación es una joya de 600 millones de dólares: Slim suelta 270 millones en efectivo (probablemente lo que traía en la cartera ese día) y asume una deuda de 330 millones. Como ya había comprado la otra mitad en 2024, ahora saca a los rusos de la ecuación para convertirse en el amo y señor absoluto del lugar.
Pero aquí viene la ironía máxima, esa que te hace escupir el café mientras te ríes de la "soberanía nacional": El empresario más importante de México necesita el permiso del gobierno de Estados Unidos para comprar un pozo que está en aguas mexicanas.
Así es, mis queridos compatriotas. Al tratarse de una empresa rusa (esos villanos de película ochentera), la compra necesita la bendición de la OFAC (el Tesoro de Estados Unidos). Sin el visto bueno de los amigos del norte, no hay trato. Básicamente, a Washington le va a encantar que el petróleo del Golfo esté en manos de su vecino capitalista confiable y no bajo el control de Moscú. La geopolítica es hermosa cuando se trata de proteger el patio trasero.
Pemex: El pariente pobre
Y no nos olvidemos de Pemex, nuestra querida empresa productiva del Estado que anda contando los centavos para sobrevivir. Esta compra es un respiro para la paraestatal, porque el riesgo financiero pasa 100% al sector privado.
Si algo sale mal, si el pozo se seca o si falta dinero, la pérdida es para los accionistas de Carso, no para el erario. Por primera vez, parece que el desastre no lo pagaremos con nuestros impuestos.
En resumen: Slim ignora la IA, corre a los rusos, le pide permiso a los Estados Unidos para gastar su dinero en México y deja a Pemex viendo desde la barrera. Una clase maestra de cómo funciona el mundo real.
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