En un despliegue de eufemismo corporativo digno de un premio literario, la empresa canadiense Vizsla Silver confirmó que diez personas fueron simplemente "sustraídas" de sus instalaciones en Concordia, Sinaloa, como quien reporta que se perdieron unos clips o se robaron el papel higiénico de la oficina.
La tragedia, teñida de una ironía negrísima, ocurrió hace unos días, cuando un grupo armado irrumpió en el fraccionamiento La Clementina para llevarse a los trabajadores que descansaban tras su jornada,. Lo verdaderamente hilarante -si no fuera terrorífico- es que entre los "sustraídos" no solo hay ingenieros y administrativos, sino también elementos de seguridad. Por supuesto, el comando entró violentamente y se los llevó sin que ninguna autoridad tuviera la decencia de intervenir en el momento.
Mientras las víctimas, originarias de lugares como Hermosillo, siguen con paradero desconocido días después de los hechos, el aparato de justicia se mueve a su velocidad habitual: glacial. El vicefiscal Isaac Aguayo Roacho ha confirmado la apertura de una carpeta de investigación, ese trámite burocrático que en este país suele servir más para acumular polvo que para encontrar gente. Ante tal incompetencia y "ausencia de información", los familiares han tenido que recurrir a las redes sociales para hacer el trabajo que el Estado olvida: buscar a sus desaparecidos. Vizsla Silver dice que la información es "limitada"; la vergüenza, al parecer, es ilimitada.
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