Ah, la política china, en donde los líderes extranjeros juegan a las adivinanzas intentando descifrar si Pekín piensa en inteligencia artificial o en invadir al vecino. Pero la sorpresa no fue tecnológica, sino una clase magistral de recursos humanos al estilo autoritario. Xi Jinping ha decidido que su general de más alto rango, Zhang Youxia, ya no es útil para la foto.
Resulta que Zhang, el principal adjunto del presidente en el ejército, ha caído en desgracia con una magnitud que hace ver a los despidos corporativos occidentales como un abrazo fraternal. A sus 75 años, uno pensaría que el hombre merecía un reloj de oro y un retiro tranquilo. Pero no, Xi es más creativo; en lugar de jubilarlo, prefirió exponerlo. ¡Qué manera de agradecer los servicios prestados!
La excusa oficial es la de siempre: "infracciones no especificadas" y la siempre confiable insinuación de corrupción y, ¡oh sorpresa!, deslealtad a Xi. Porque en el universo de Xi, respirar a un ritmo diferente al del líder supremo probablemente cuenta como traición.
Lo más hilarante —si no fuera aterrador— es el resultado administrativo de esta "cirugía drástica": tras eliminar a Zhang y a otro alto mando, la Comisión Militar Central ha quedado reducida a un club tan exclusivo que solo tiene dos miembros: el propio Xi y el oficial que utiliza como operador para supervisar las purgas. Básicamente, las reuniones de estrategia militar de China ahora son un monólogo de Xi asintiendo frente al espejo mientras su sicario administrativo toma notas.
Llevan tres años barriendo con decenas de generales en una campaña "implacable", pero esta última jugada ha desatado especulaciones. ¿Se volvió Zhang demasiado poderoso después de ver caer a sus rivales?. Probablemente. En la corte del emperador, destacar es el primer paso hacia la guillotina.
Mientras los expertos intentan calibrar cómo este vacío de poder afecta los planes de invasión a Taiwán.
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