Parece que México se ha ganado la lotería demográfica, o al menos eso dirían los amantes de las estadísticas irónicas. Según las fuentes, ya somos el séptimo país de acogida para los venezolanos que huyen de su tierra, sumando entre 106,000 y 110,000 personas buscando "protección" o, al menos, un lugar donde el dinero no sirva solo de confeti.
Es conmovedor ver cómo escalamos posiciones: en los años 90, Venezuela apenas ocupaba el décimo lugar en la lista de extranjeros en México; para el 2020, ya reclamaban el tercer lugar. En solo cinco años, de 2020 a 2025, la población venezolana en el país se duplicó. ¿Quién necesita crecimiento económico cuando puedes duplicar tu población de refugiados en tiempo récord?
Pero no se confundan, no nos está llegando "cualquier cosa". El 67% de estos migrantes tienen licenciatura o estudios superiores. Es un alivio saber que, tal vez cuando pidas un auto por aplicación en la CDMX, Nuevo León o Jalisco, hay una alta probabilidad de que tu conductor sea un ingeniero o un médico. Gracias a que el proceso de equivalencia académica es, según las fuentes, un periodo "duro".
Vulnerabilidad: El nuevo accesorio de moda
Para los recién llegados en el bienio 2024-2025, la situación es aún más "emocionante": el 80% vive en situación de alta vulnerabilidad. Es fascinante notar que, mientras el gobierno mexicano se toma su tiempo para diseñar una "estrategia clara de integración" estos migrantes ya enviaron más de 18 millones de dólares en remesas a Venezuela solo en 2024.
Un éxodo sin brújula pero con muchas tarjetas
Aunque nadie sabe con certeza cuántos son realmente —porque muchos entran y salen como si México fuera una puerta giratoria sin registro—, el gobierno se entretiene repartiendo plásticos. Entre 2015 y 2025, se entregaron más de 65,000 Tarjetas de Residente Permanente. Sin embargo, la verdadera acción está en las sombras, donde miles se mueven sin documentos, alimentando esa cifra incierta que tanto gusta a los analistas.
En resumen, tenemos a miles de profesionales atrapados en un limbo burocrático, una masa de personas vulnerables concentrada en las zonas turísticas y cosmopolitas como Quintana Roo y la CDMX, y un Estado que sigue soñando con planes de integración mientras los migrantes ya están integradísimos... a la economía informal.
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