Parece que en la pintoresca capital de Aguascalientes, el entretenimiento familiar ha dado un giro hacia lo macabro, justo frente al Parque Tres Centurias. Nada como presenciar a una mujer recostarse con total parsimonia en las vías para que el ferrocarril le solucione, de una vez por todas, su existencia. Es el nuevo espectáculo de vanguardia en una zona de "alta afluencia familiar", consolidando al estado en el podio nacional de la auto-aniquilación, cortesía de las finas estadísticas del INEGI.
Administraciones van y vienen, desfilando entre el azul del PAN y el tricolor del PRI, y lo único que parece tener continuidad transexenal es la absoluta incapacidad para encontrarle una solución a este "detallito" social. Llevamos años sumidos en este drama, pero nuestros ilustres líderes parecen estar demasiado ocupados en el siguiente corte de listón como para notar que la salud mental en el estado está más muerta que sus promesas de campaña. Es una tradición política: ignorar la tragedia hasta que el conteo de 177 defunciones en lo que va del 2024 te salpica.
Los métodos para abandonar este "gigante de México" son variados para no aburrir a la audiencia: el clásico ahorcamiento sigue en el top de las listas, seguido de cerca por el uso de armas de fuego. Sin embargo, la innovación de usar la infraestructura ferroviaria en plena zona turística le da ese toque de "crítica ácida" que tanto le falta a la gestión gubernamental. Mientras las autoridades balbucean que es momento de "ponerse las pilas" y hacer un "análisis serio", la realidad es que siguen haciendo lo mismo de siempre: absolutamente nada.
Es fascinante ver cómo se pide a las familias "no dejar de largo el tema" cuando el Estado ha hecho del abandono una política pública de facto. Al paso que vamos, el único análisis serio que llegará será la autopsia colectiva de una sociedad que decidió que el tren era la única salida rápida de un Aguascalientes que no sabe qué hacer con sus vivos.
enDOSminutos.com / Realidad irreverente
