¡Vaya joya de la geopolítica y el amor al prójimo! Resulta que en el fascinante mundo de la "soberanía energética" mexicana, Pemex ha decidido que somos el alma de la fiesta y el buffet abierto de la región, enviando lo mejor de nuestra despensa petrolera a Cuba mientras nosotros nos quedamos con las migajas azufradas.
Según una investigación del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, México se ha convertido en el "Sugar Daddy" oficial de la isla, enviando crudos de altísima calidad como el Istmo y el Olmeca. Mientras tanto, la flamante refinería de Dos Bocas, esa joya de la corona que prometía salvarnos, tiene que conformarse con procesar el crudo más pesado y difícil, porque aparentemente en casa nos gusta el masoquismo logístico.
La explicación técnica es para llorar de risa: resulta que las refinerías cubanas son piezas de museo, tan antiguas que no aguantan el petróleo pesado y con alto contenido de azufre. Así que, en un acto de "caridad" sin límites, el Gobierno de México decidió que, como nuestras refinerías —o la nueva que tanto presumimos— supuestamente pueden con todo, podemos darnos el lujo de exportar lo mejor y quedarnos con el lodo,.
Este derroche de generosidad ocurre en un contexto de caída libre en la producción nacional y niveles de exportación mínimos históricos. Cada barril de crudo ligero que se va a Cuba con una sonrisa es un barril que deja de generar dinero real o que deja de alimentar nuestras propias máquinas. Es la estrategia económica del siglo: regalar el filete mignon para que otros no se atraganten, mientras en casa cenamos suela de zapato.
Para ponerle la cereza al pastel de esta catástrofe planificada, Cuba está en un coma económico del que solo sobrevive gracias a los cuidados intensivos de México y Venezuela. De los 100 mil barriles que consumen a diario, solo producen 40 mil de un crudo tan malo que solo sirve para quemarlo en termoeléctricas. México llega al rescate con unos 20 a 22 mil barriles diarios, superando incluso las apariciones esporádicas de Rusia.
Y por si fuera poco este suicidio financiero, el Tío Sam está observando con una sonrisa macabra, sugiriendo la posibilidad de imponer un arancel del 25 por ciento a cualquiera que se atreva a venderle petróleo a la isla. Así que, no solo estamos perdiendo dinero por regalar lo mejor de nuestro inventario, sino que estamos comprando un boleto de primera clase para una guerra comercial con Estados Unidos.
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