La senadora morenista Nora Ruvalcaba Gámez ha salido a defender lo indefendible con una audacia digna de un premio Óscar a la mejor ficción. En un despliegue de cinismo político, la legisladora jura y perjura que la Reforma Electoral promovida por el gobierno federal no deja el piso disparejo para los partidos políticos. ¡Claro que no, senadora! Es como ir a la competencia de atletismo y amarrarle las agujetas a tus contrincantes.
Según la visión onírica de Ruvalcaba, esta reforma llega para "concretar sueños que desde hace décadas tiene el pueblo de México". Sí, leyeron bien: sueños. Porque aparentemente, el mexicano promedio no sueña con seguridad, salud o salarios dignos; no, señor. Nuestro anhelo más profundo y húmedo siempre ha sido disminuir recursos a los partidos y la eliminación total de las plurinominales en el Senado. ¡Gracias por leernos la mente y cumplir nuestras fantasías burocráticas!
Con una lógica que desafía la gravedad, la senadora explica que en el Senado "no tienen razón de ser" los plurinominales porque representan a las entidades federativas, así que se quedarían solo con las posiciones de mayoría y primera minoría. Básicamente, una limpieza étnica legislativa. Y ya encarrerados en la bondad, si en la Cámara de Diputados no pueden exterminar a los 200 plurinominales, "al menos eliminar 100" sería un buen consuelo. Todo esto, por supuesto, bajo la excusa barata de que se busca "mayor participación ciudadana" y "fortalecer la democracia".
Pero la comedia no termina ahí. Ruvalcaba se sube al ladrillo moral para recordarnos que la "actual oposición" (PRI y PAN) prometió reducir presupuesto y curules en el pasado, pero "como les iba a afectar, mejor no lo hicieron". ¡Qué descubrimiento! Los políticos cuidando sus intereses. En cambio, ella asegura que en Morena "nosotros somos consecuentes". Tan consecuentes que esta reforma, rechazada por el bloque opositor, es tan tóxica que hasta sus propios aliados del PT y del Verde han mostrado sus reservas.
Cuando hasta tus amigos del alma te miran con desconfianza mientras afilas la guillotina, tal vez —solo tal vez— el piso no esté tan parejo como juras.
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