Ah, la inagotable sed de reflectores de nuestra clase política nunca dejará de sorprendernos. Cuando pensábamos que ya habíamos visto todo en el arte del "placeo" al estilo de los ochentas, llega Lorena Martínez a darnos una clase magistral de cómo mantenerse en el ojo público inventándose relevancia.
Resulta que ahora, la titular de la Oficina de Enlace —ese puesto que nadie sabe bien para qué sirve— anunció con bombo y platillo que Aguascalientes asume la Vicepresidencia de la AMAIE. ¿Y eso con qué se come? Pues básicamente es la Asociación Mexicana de Oficinas de Asuntos Internacionales de los Estados, un club de siglas rimbombantes perfecto para justificar viáticos y cocteles.
Según la funcionaria, este nuevo título nobiliario de la burocracia servirá para "reforzar la coordinación" con la Cancillería y las demás entidades federativas. Claro, porque todos sabemos que lo que le faltaba a México era más burocracia interestatal para "fortalecer el trabajo conjunto". Pero no se confundan, esto no es servicio público, es marketing personal puro y duro.
Lorena afirma que esto es una "herramienta estratégica" para el desarrollo local y el bienestar social a través de una —agárrense de la silla— "paradiplomacia responsable, institucional y con visión de largo plazo". ¡Por favor! ¿"Paradiplomacia responsable"? Suena a término inventado en una borrachera de consultores políticos para justificar que se la pasan de gira. Dice que todo esto es para seguir la línea de la gobernadora en la atracción de inversiones y difusión cultural, pero se nota a leguas que es una excusa perfecta para colgarse de la marca estatal y seguir vendiendo su propia imagen.
Ahora resulta que va a impulsar "nuevas diplomacias" en todo lo que se le ocurra: ciencia, industria, deporte y hasta medio ambiente. ¡Vaya! Al rato la veremos inaugurando torneos de canicas internacionales bajo la bandera de la "cooperación multilateral".
Al grano.
Todo este circo de la AMAIE, los "espacios multilaterales" y el "diálogo permanente" huele a una campaña disfrazada de gestión pública. Es la clásica jugada del político que necesita inventarse ocupaciones para seguir vigente en la boleta.
Así que dejémonos de rodeos y diplomacias. La pregunta que todo Aguascalientes se hace, mientras ve cómo Lorena Martínez se pavonea con su nuevo cargo de membrete, es directa y a la yugular: ¿Quiere o no quiere competir para un cargo público?
Basta de atole con el dedo y de "paradiplomacias" mareadoras. Si quiere subirse al tren del 2027, que lo diga, pero que deje de usar las instituciones para su pasarela personal.
¡Que se defina ya, punto!
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