La Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA) nos ha bendecido con la noticia de que su "proyecto histórico" —porque, claro, cualquier cosa que no se derrumbe de inmediato en esta gestión califica como tal— avanza a pasos agigantados. Resulta que para el 2027 inaugurarán una Unidad Interactiva Multidisciplinaria y de Posgrado, una obra que, según ellos, "impactará a todas las áreas de conocimiento". Lástima que el único impacto que la comunidad realmente siente es el del tremendo agujero financiero de la estafa Ponzi que tiene la imagen institucional por los suelos.
Mientras el rector Juan Carlos Arredondo Hernández se pasea con casco y sonrisa de comercial de pasta de dientes supervisando un avance del 76% de la obra, uno no puede evitar preguntarse: ¿no sería mejor que ese mismo entusiasmo lo aplicaran para recuperar los fondos desaparecidos en inversiones que hasta un niño de primaria sabría que eran un fraude? Pero no, es mucho más glamuroso inaugurar edificios que dar la cara por haber dejado la caja de la universidad más vacía que la ética de sus financieros. Prioridades, señores; primero el cemento para tapar el escándalo, luego vemos cómo explicar que el prestigio de la institución está, literalmente, en el sótano.
Lo más "conmovedor" de esta farsa es que el diseño es obra de exalumnos de Arquitectura. Qué conveniente y qué "noble" del rector subrayar que esto refleja un modelo donde el aprendizaje "trasciende el aula". Claro que trasciende: los estudiantes diseñan las paredes mientras los directivos, al parecer, diseñan esquemas de inversión dignos de una película de estafadores de bajo presupuesto. Es una "aplicación práctica del conocimiento" realmente inédita: unos construyen infraestructuras y otros destruyen el patrimonio universitario con una maestría que ya quisiera cualquier doctorado.
Y para añadirle ese toque de exquisitez que tanto les gusta, la nueva unidad se construye justo a un lado del Club de Golf Campestre. ¡Qué detalle! Así, mientras los estudiantes se "especializan en diversas disciplinas del diseño", podrán mirar por la ventana y recordar que, aunque su universidad esté en medio de una crisis de credibilidad y rodeada de lujos ajenos, al menos tendrán un taller nuevo para diseñar sus currículums y huir de una institución que prefiere priorizar ladrillos antes que la transparencia mínima necesaria para no ser el hazmerreír del estado.
En resumen, la UAA nos entrega una obra con "origen inédito". Efectivamente, es inédito que una institución tenga el descaro de celebrar edificios mientras su reputación flota en el drenaje gracias a una estafa que parece ser el único "proyecto de posgrado" que realmente dominaron con excelencia.
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