Todos podemos dormir tranquilos esta noche. Olviden la inflación o la inseguridad que vive el ciudadano de a pie; la verdadera emergencia nacional ha sido resuelta: la "nueva" Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ya tiene sus juguetes nuevos. Porque, seamos honestos, ¿cómo esperamos que impartan justicia si no es desde la comodidad de una camioneta tipo Jeep blindada del año?.
Resulta que los ministros, esas almas caritativas que cargan con el peso del mundo sobre sus togas, adquirieron nueve camionetas blindadas bajo la excusa de que sus antiguos carruajes "ya no cumplían con las medidas para garantizar su seguridad". ¡Pobrecitos! Imaginen el terror de viajar en un vehículo de hace cuatro años. El horror de que el aire acondicionado no enfríe en tres segundos o, peor aún, que el blindaje no brille lo suficiente bajo el sol.
Ante la ola de críticas de la "chusma" en redes sociales, la institución sacó su mejor carta: la burocracia. Se lavaron las manos asegurando que todo este despilfarro se hizo "conforme a la normatividad interna vigente emitida en 2019". ¡Ah, bueno! Si un papel que ellos mismos escribieron dice que cada cuatro años deben cambiar de nave espacial por "motivos de seguridad y por el servicio que prestan", entonces quiénes somos nosotros para cuestionar sus divinos decretos,. Es fascinante cómo la ley es implacable cuando se trata de sus propios lujos; ahí sí, el apego a la norma es "estricto".
Pero esperen, que el chiste se cuenta solo. Para justificar este capricho, argumentaron tener "opiniones técnicas emitidas por autoridades federales" que juraron por su vida que las unidades viejas ya eran prácticamente chatarras rodantes cuya "continuidad comprometía su operación". Además, nos aseguran que esto no es un capricho discrecional, sino una medida de "prevención". Prevención de que se les arrugue el traje, suponemos.
Y para rematar con una dosis de cinismo financiero, la Corte nos dice que no nos preocupemos por la cartera. Según ellos, esta compra se hizo "de manera paralela al proceso de desincorporación de un parque vehicular mayor", todo con el noble propósito de "no generar un gasto mayor para la institución",. Es la lógica del comprador compulsivo: "Cariño, me compré un Ferrari, pero vendí tres bicicletas, así que prácticamente ahorré dinero".
Finalmente, en un acto de comedia involuntaria, la SCJN tuvo la audacia de afirmar que con esto reafirman su "compromiso con una gestión responsable del gasto público y el uso racional de los recursos". Sí, claro. Nada define mejor el "uso racional" que comprar tanques urbanos para ir a la oficina mientras el resto del país cuenta los centavos para el transporte público.
¡Larga vida a la Corte y a sus camionetas, que la justicia puede ser ciega, pero nunca viajará en Uber!
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