Resulta que la famosa reforma electoral, esa que prometía ser la salvación de la democracia (o su entierro, según a quién le pregunten), todavía no existe ni en servilleta. Así es, nuestro ilusionista legislativo de cabecera, Ricardo Monreal, ha salido a decir que el documento es una mera fantasía que depende enteramente de cuánto logren extorsionar... perdón, "negociar" sus amados aliados.
Monreal ya le mandó el recadito a la presidenta Sheinbaum: "¡Tal vez le vayan a modificar un poco su iniciativa!" Porque claro, en este teatro del absurdo llamado Congreso, lo que se cocina en las mesas de Gobernación es solo un "punto de partida". Traducción: lo que decidan los burócratas no vale un cacahuate si no pasa por la aduana de los caprichos partidistas en la Cámara.
El "Dulce Envenenado"
Aquí es donde la cosa se pone verdaderamente hilarante. Monreal jura y perjura que sin el aval del PT y del Verde, la reforma simplemente no nace, se va directo al bote de la basura. ¿Por qué tanto amor repentino? Porque los "hermanitos" de la coalición no están nada convencidos.
Para el Partido Verde y el PT, esta reforma huele a dulce envenenado. Saben perfectamente que Morena, con su sonrisa de tiburón, les está ofreciendo el cielo y las estrellas, pero ellos temen que, una vez levantado el dedo y aprobada la reforma, les piquen los ojos y los dejen fuera de la jugada.
El pánico es real. Entre los puntos a "discutir" está el futuro de los plurinominales y el presupuesto. Y seamos honestos: quitarle los plurinominales a la chiquillada es como quitarle el oxígeno a un moribundo. Sin esos escaños regalados, su negocio familiar corre peligro de extinción. Por eso Monreal anda desesperado buscando "fórmulas mixtas", tratando de convencerlos de que no será su propio funeral político.
Foros de discusión: La vieja estrategia confiable para fingir democracia
Para calmar las aguas y ganar tiempo mientras convencen a sus aliados de que no los van a traicionar (todavía), Monreal ha sacado la carta de siempre: ¡Foros de discusión!. Sí, van a abrir espacios para "enriquecer" la propuesta con la ciudadanía y todas las fuerzas políticas.
No se rían. Dice que "no se trata de una imposición". Claro, porque todos sabemos que en la 4T la línea nunca viene dictada desde arriba, ¿verdad? La realidad es que Monreal tiene que flexibilizar el contenido no por convicción democrática, sino para mantener la cohesión de la coalición rumbo al 2027 y 2030.
En resumen: La reforma electoral es hoy un rehén de los chantajes internos. Morena quiere todo el pastel, pero necesita que el Verde y el PT le presten el cuchillo, mientras estos últimos tiemblan pensando que ese mismo cuchillo terminará clavado en sus espaldas. ¡Qué bonito es el amor legislativo!
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