En un despliegue de autoridad que haría palidecer a cualquier sargento de la vieja guardia, nuestra amantísima gobernadora, Tere Jiménez, decidió que ya era hora de interrumpir la siesta administrativa del Ayuntamiento capitalino. Desde las frías y tecnológicas paredes del C5i, la "jefa" del estado le leyó la cartilla al alcalde Leo Montañez, quien parece haber confundido la seguridad pública con un retiro espiritual de silencio y contemplación.
Mientras Leo se deshacía en promesas de "fortalecimiento" y "equipamiento" —el equivalente político a decir que "mañana mismo empieza la dieta"—, Tere Jiménez tuvo que recordarle con la sutileza de un mazo que en la capital se amontona más del 66 por ciento de la población estatal. Al parecer, para la gobernadora, no basta con que el alcalde sonría para las fotos mientras la ciudad espera que alguien, por caridad divina, haga su trabajo.
La Número Uno del Estado, en su papel de salvadora del orden y la inversión, no se anduvo con chiquitas. Con una mirada que congelaría el mismísimo Cerro del Muerto, exhortó a los comandantes y al relajado alcalde a "redoblar esfuerzos", porque eso de mantener la paz no se logra desde la comodidad de una oficina con aire acondicionado. Les exigió que trataran a los habitantes de Aguascalientes "como si fueran de su propia familia", una frase que suena encantadora, a menos que tu familia sea de esas que solo se visitan en Navidad para pelear por los terrenos.
La lista de asistentes al "regaño oficial" parecía un desfile de uniformes listos para la batalla, incluyendo al nuevo comandante de la 14/a. Zona Militar, Álvaro Javier Juárez Vázquez, y al Fiscal General, Manuel Alonso García, todos ahí presentes para ser testigos de este momento. Mientras tanto, Leo Montañez se limitó a "reafirmar su compromiso", ese mantra desgastado que los políticos usan cuando no tienen resultados reales que mostrar, pero sí muchas ganas de seguir en la nómina.
En resumen, la gobernadora ha dejado claro que, si por el alcalde fuera, la capital sería un balneario de tranquilidad... pero por falta de actividad. Tere Jiménez, erigida como la heroína que pide cuentas ante la desidia, les recordó que la lealtad y la disciplina no son opcionales, especialmente cuando el 66 por ciento de los ciudadanos depende de que el municipio deje de jugar a las casitas y empiece a blindar el territorio de verdad.
Analogía para el entendimiento: Esta reunión fue como cuando una madre estricta regresa de viaje y encuentra la casa hecha un desastre, mientras el hijo mayor (Leo) jura que "tenía planeado limpiar mañana"; al final, la madre tiene que tomar la escoba, llamar a los vecinos para que ayuden y recordarle al hijo que, si no fuera por ella, ya habrían vendido los muebles para pagar la fiesta.
enDOSminutos.com / Realidad irreverente
