¿Quién necesita estabilidad económica o tortillas a un precio razonable cuando tendremos a 22 millonarios persiguiendo un balón en el Mundial 2026? Ese es el espíritu de los analistas que, con la alegría de un sepulturero, han confirmado que la inflación en México se mantendrá por encima del 4% por un periodo tan prolongado que ya podemos empezar a llamarla "miembro de la familia". Olvídense del utópico objetivo del 3% este año; eso es para economías aburridas que no tienen la "suerte" de albergar una Copa del Mundo.
Los analistas financieros han sacado sus bolas de cristal. unos apuestan por un cierre del 4.2%, con una subyacente del 4.4%, mientras que otros, un poco más "optimistas", la dejan en 4.1%. Es reconfortante saber que, mientras tu poder adquisitivo se desintegra, los expertos se pelean por ver qué tan profunda será la fosa.
¿Y quiénes son los villanos de esta tragicomedia? Pues nada menos que el aumento del salario (¡qué audacia la de la gente de querer ganar un poco más!), los nuevos impuestos y, por supuesto, esos aranceles a productos chinos que harán que comprar cualquier baratija sea una experiencia de lujo. Según los expertos, subir los salarios por encima de la productividad es un pecado capital que debemos pagar con precios más altos, porque aparentemente, en este país, sobrevivir es un privilegio que genera presiones inflacionarias.
Pero no se preocupen, si lo que buscan es una verdadera bofetada de realidad, intenten viajar a Monterrey. Los precios de los vuelos para el Mundial ya están al nivel de un viaje a Europa. Es fascinante ver cómo nuestra infraestructura turística se autopercibe como Suiza mientras nuestro bolsillo sigue siendo orgullosamente tercermundista. Menos mal que la apreciación del peso ha ayudado un poco a mitigar el golpe en las mercancías, porque si no, estaríamos usando los boletos del Mundial no para entrar al estadio, sino para intentar intercambiarlos por un kilo de frijoles.
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