Parece que en Aguascalientes, el deporte estatal no es la charrería, sino ver cuántas piruetas puede dar un motociclista antes de encontrarse con el pavimento. Ante este panorama de darwinismo urbano, la Cruz Roja Mexicana ha decidido que ya basta de recoger pedazos de conductores y ha propuesto —nuevamente— un curso obligatorio de capacitación para ver si, por obra de un milagro, los motociclistas aprenden que el manubrio no es un juguete.
El municipio: Un monumento a la indiferencia
Mientras la delegación estatal de la Cruz Roja, encabezada por Jaime del Conde Ugarte, intenta desesperadamente que se emitan licencias solo a quienes demuestren no ser un peligro para sí mismos, las autoridades del municipio de Aguascalientes parecen estar muy ocupadas ignorando la propuesta.
A pesar de que la iniciativa ya ha sido planteada formalmente, no se ha logrado ningún acuerdo, dejando claro que la seguridad vial no es precisamente la prioridad en la agenda local. Al parecer, es más fácil esperar a que la gravedad haga su trabajo que implementar un trámite que salve vidas.
La pericia brilla por su ausencia (y el equipo también)
No conformes con su falta de habilidad técnica o "pericia", los usuarios de motocicletas en la entidad tienen una alergia crónica al equipo de protección certificado. La Cruz Roja señala con sutil desesperación que la mayoría de los accidentes terminan en tragedia porque los conductores consideran que los guantes, las botas y los cascos certificados son accesorios opcionales o estéticamente ofensivos.
Para los que creen que exagero, los números de la "selección natural" no mienten:
- Solo durante el mes de diciembre, la Cruz Roja realizó 151 atenciones prehospitalarias por accidentes viales.
- En aproximadamente el 26% de estos "encuentros cercanos con el asfalto" estuvo involucrada una motocicleta.
¿Cursos obligatorios? ¡Qué locura!
La propuesta busca que Aguascalientes se una a lugares "exóticos" como el Estado de México, donde —aunque usted no lo crea— no te dan una licencia de motocicleta si no certificas que tomaste un curso básico de conducción con la Cruz Roja. Aquí, por el contrario, parece que basta con tener el dinero para la moto y la audacia de ignorar las leyes de la física.
La intención es que la gente sea consciente de la responsabilidad y del riesgo que implica subirse a dos ruedas, pero mientras la autoridad municipal siga en su siesta eterna y los conductores sigan confundiendo un casco con una bacinica, la Cruz Roja seguirá siendo el servicio de limpieza de nuestra falta de sentido común.
Ignorar la necesidad de capacitación para motociclistas es como intentar jugar malabarismos con granadas activas esperando que, por pura suerte, ninguna explote en tus manos; el problema es que, en este caso, la Cruz Roja es la que tiene que limpiar el desastre cuando la suerte se acaba.
