Vaya revuelo que ha causado a la imagen de Julio Iglesias las recientes acusaciones de dos de sus empleadas en sus residencias de Punta Cana, en República Dominicana en 2021. Parece que a Julio se le olvidó que el "no" también existe fuera de sus rimas de sus canciones. El hombre que se cree el inventor del amor está viviendo su momento más "incómodo", no porque se le haya acabado el autobronceador, sino porque la "picardía" —ese eufemismo tan rancio para no decir acoso— ya no cuela en pleno siglo XXI.
Es fascinante observar cómo el mito del latin lover se desmorona ante la viralización de videos donde se le ve besando y manoseando mujeres sin su consentimiento. ¡Qué detalle tan romántico! Nada grita más "leyenda de la música" que aprovechar una entrevista o una sesión de fotos para asaltar los labios de alguien que solo está intentando hacer su trabajo. Bajo la "nueva mirada social", lo que antes era el encanto de un galán geriátrico, hoy es simplemente una serie de conductas fuera de lugar que dan más escalofríos que sus notas altas.
Pero esperen, que hay más. En el programa Sale el Sol, la periodista Johanna Vega-Biestro decidió que ya era hora de ventilar el olor a naftalina y reveló que estas prácticas eran "habituales" cada vez que el señor Iglesias se dignaba a conceder una entrevista. No era un error, era un método. Un sistema operativo de seducción forzada.
Al final, Julio quería que no quedara duda del "relato real". Pues bien, entre videos de manoseos públicos y testimonios de prácticas habituales en los camerinos, el relato real parece ser que el artista no solo le cantaba a la vida, sino que se servía de ella —y de sus mujeres— como si el mundo fuera su buffet privado de "señoras" y periodistas. ¡Bravo, Julio! Has logrado que, por fin, todos estemos de acuerdo en algo: tu mejor actuación ha sido hacernos creer durante 50 años que eras un caballero.
Su imagen manchada y ahora esperar la parte legal.
enDOSminutos.com / Realidad irreverente
