Ah, Davos. Ese maravilloso retiro espiritual en los Alpes suizos donde la élite se congela el trasero para decidir cuánto más van a exprimir...
Ah, Davos. Ese maravilloso retiro espiritual en los Alpes suizos donde la élite se congela el trasero para decidir cuánto más van a exprimir al resto de la humanidad, todo bajo la noble y risible excusa de "arreglar el mundo". Este lunes comenzó formalmente este desfile de vanidades.
El "gran protagonista" de este año, para sorpresa de nadie, es Donald Trump, quien aterriza este miércoles con la delegación gubernamental más grande que se recuerde. Es de una ironía mordaz y casi insultante que el lema de esta edición sea 'Espíritu de Diálogo', cuando precisamente las políticas del Presidente han provocado una división y fragmentación global.
Más de 3,000 líderes empresariales y 60 jefes de Estado deambulan por los pasillos con cara de preocupación. Dicen que hay "menos optimismo" que en otras ediciones; quizás porque se han dado cuenta de que la fiesta se está acabando. O quizás porque, como denuncia Oxfam (movimiento mundial formado por personas que trabajan juntas para acabar con la injusticia de la pobreza.), los ricos han aumentado su riqueza un 16% en el último año mientras la pobreza se come al 28% de la población.
Y en medio de este festín donde los millonarios ya no se conforman con el dinero y ahora expanden su control a la política y al debate público, ¿Dónde está México?
Pues bien, resulta que la Presidenta Claudia Sheinbaum ha decidido no asistir . En un alarde de estrategia geopolítica cuestionable, ha optado por enviar a funcionarios de segundo nivel a la mesa donde se reparte el pastel mundial.
Era vital tener presencia al máximo nivel ahí, no para aplaudirles sus excesos, sino porque en la diplomacia internacional, si no estás en la mesa, generalmente estás en el menú. Mientras el Parlamento Europeo se prepara para congelar acuerdos con Washington y el mundo se reconfigura ante la incertidumbre, México decide que es mejor ver los toros desde la barrera, o peor aún, desde la televisión. Una oportunidad perdida para defenderse en persona ante una élite que, seamos honestos, nos ve como mano de obra barata y no como socios.
El "gran protagonista" de este año, para sorpresa de nadie, es Donald Trump, quien aterriza este miércoles con la delegación gubernamental más grande que se recuerde. Es de una ironía mordaz y casi insultante que el lema de esta edición sea 'Espíritu de Diálogo', cuando precisamente las políticas del Presidente han provocado una división y fragmentación global.
Más de 3,000 líderes empresariales y 60 jefes de Estado deambulan por los pasillos con cara de preocupación. Dicen que hay "menos optimismo" que en otras ediciones; quizás porque se han dado cuenta de que la fiesta se está acabando. O quizás porque, como denuncia Oxfam (movimiento mundial formado por personas que trabajan juntas para acabar con la injusticia de la pobreza.), los ricos han aumentado su riqueza un 16% en el último año mientras la pobreza se come al 28% de la población.
Y en medio de este festín donde los millonarios ya no se conforman con el dinero y ahora expanden su control a la política y al debate público, ¿Dónde está México?
Pues bien, resulta que la Presidenta Claudia Sheinbaum ha decidido no asistir . En un alarde de estrategia geopolítica cuestionable, ha optado por enviar a funcionarios de segundo nivel a la mesa donde se reparte el pastel mundial.
Era vital tener presencia al máximo nivel ahí, no para aplaudirles sus excesos, sino porque en la diplomacia internacional, si no estás en la mesa, generalmente estás en el menú. Mientras el Parlamento Europeo se prepara para congelar acuerdos con Washington y el mundo se reconfigura ante la incertidumbre, México decide que es mejor ver los toros desde la barrera, o peor aún, desde la televisión. Una oportunidad perdida para defenderse en persona ante una élite que, seamos honestos, nos ve como mano de obra barata y no como socios.
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