En la universidad hay un estreno,
con carpetas y protocolo sereno,
la señora Pinzón con ternura institucional
le entregó un desastre al nuevo capitán.
Trescientos millones se esfumaron ya,
estafa Ponzi disfrazada de inversión,
Arredondo recibe la silla giratoria
y un legado de fraude que da gloria.
¡Habemus Rector, viva la estafa!
¡Quince días para auditar la payasada!
Entre carpetas y "asuntos pendientes",
la impunidad sonríe a toda la gente.
¡Habemus Rector, habemus canción!
¿Limpiará el desastre o aprenderá la lección
de encubrir con estilo y continuación
lo que aquí no pasó, pura simulación?
¡Habemus Rector, habemus trinquetes!
¡Quince días para auditar la payasada!
Entre carpetas y "asuntos pendientes",
la impunidad sonríe a toda la gente.
¡Habemus Rector, el dinero se perdió!
¿Limpiará el desastre o aprenderá la lección
de encubrir con estilo y continuación
lo que aquí no pasó, pura simulación?
El barco se hunde, vendieron los botes,
para invertir en ferias de alborotos.
El nuevo capitán toma el timón sonriente,
mientras la tripulación pregunta inocentemente:
"¿Va a tapar el agujero o a tocar el violín?
¿Perseguirá el fraude hasta el fin
o será cómplice del festín
donde 'continuidad' significa: aquí no hay fin?"
El quince de enero habrá solemne cambio,
togas, discursos éticos, amnesia veremos,
coronarán al guardián del millonario abuso
Mienntras en la fiscalía siguen con su 'veremos'
¡Habemus Rector, que siga la estafa!
¡Ilusionismo administrativo en esta patraña!
Entre "fortalecimiento" y "ética institucional",
se perfecciona el arte del encubrimiento magistral.
¡Habemus Rector, habemus canción!
Las Vegas se queda corta con esta producción.
Que comience el show, que ruede la función:
¡La autónoma y su mágica transición!