Resulta que en la "tierra de la eterna primavera" (que últimamente se parece más a la tierra del eterno tiroteo), el presidente guatemalteco, Bernardo Arévalo se ha despertado con ganas de jugar a la guerra. Ayer domingo, con la solemnidad de quien anuncia el fin del mundo, decretó un estado de sitio por 30 días en todo el país. ¿La razón? Pues nada nuevo bajo el sol: las pandillas decidieron que el país era suyo y el gobierno, en un arranque de testosterona institucional, ha prometido usar "toda la fuerza del Estado" para recordarles quién manda.
El "berrinche" carcelario y la respuesta de Rambo
La narrativa oficial es enternecedora. Según el mandatario, todo este caos es una "respuesta directa" de los angelitos criminales porque el gobierno —pobrecito— está recuperando instituciones que llevaban años nadando en la corrupción. ¡Qué sorpresa! Al parecer, a los inquilinos de las cárceles no les gustó que les movieran el tapete.
La situación se puso tan "festiva" que hubo motines simultáneos y los reos, en un alarde de hospitalidad, tomaron rehenes y destrozaron las instalaciones. Pero tranquilos, que papá Estado ya sacó el pecho: dicen haber recuperado el "control total" de joyas arquitectónicas como el Preventivo de la zona 18 y Fraijanes 2, y aseguran que lo hicieron sin bajas. Aplausos, por favor.
"Aquí no pasa nada"
Lo más hilarante del asunto es la disonancia cognitiva del discurso oficial. Por un lado, nos venden el apocalipsis con un despliegue conjunto de la Policía Nacional Civil y el Ejército en cada esquina para proteger la "infraestructura crítica". Pero por otro, Arévalo nos jura por su vida que esta medida "no altera la vida cotidiana".
Claro, señor Presidente, nada grita "normalidad" como tener a un soldado con un fusil de asalto revisando tu bolsa del supermercado. Ah, y por cierto, las clases se suspendieron "preventivamente", pero fuera de eso, todo sigue igual. La ironía se cuenta sola.
El síndrome de "Yo también quiero ser Bukele"
No nos hagamos los tontos. Esta movida tiene un tufo inconfundible a envidia vecinal. La medida guatemalteca tiene "ciertas similitudes" con el régimen de excepción de El Salvador. Al parecer, la estrategia de moda en Centroamérica para el segundo semestre de 2025 es militarizar para ver quién tiene la bota más grande contra el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha.
El saldo rojo de la incompetencia
Pero dejemos las risas un segundo para la parte macabra, porque el humor negro tiene límites (a veces). Este jueguito de poder ya costó vidas. Las pandillas, en su infinita sabiduría diplomática, respondieron matando policías para "intimidar". El presidente, muy conmovido, ha decretado tres días de luto nacional.
Así que ahí lo tienen: Guatemala entra en un mes de "sitio", donde la promesa es que todo estará bajo control mientras las balas vuelan y la población intenta descifrar si debe salir a trabajar o esconderse debajo de la cama.
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