En un despliegue de valentía corporativa que raya en el masoquismo o en una fe ciega en la mano de obra barata, General Motors ha decidido ignorar los berrinches y amenazas de Donald Trump para anunciar, con bombo y platillo, una inversión de mil millones de dólares en tierras aztecas durante los próximos dos años. Mientras el resto del mundo se muerde las uñas esperando el próximo tuit incendiario desde la Casa Blanca, Francisco Garza, el optimista presidente de GM de México, asegura que este dinero servirá para "fortalecer operaciones" y "apuntalar el mercado interno". Traducción para los mortales: seguiremos ensamblando camionetas aquí porque sale más barato que en Detroit, aunque nos griten desde el otro lado del río.
Parece que el romance entre la automotriz y sus cuatro plantas —Ramos Arizpe, Silao, San Luis Potosí y Toluca— está más sólido que nunca. Según la empresa, este movimiento no es una huida, sino una "nueva estrategia" en línea con los esfuerzos del Gobierno para que el mexicano promedio, ese que apenas llega a fin de mes, se anime a comprarse un coche nuevo. Es conmovedor ver a una multinacional preocuparse tanto por la "demanda doméstica" justo cuando el entorno global se vuelve más "complejo", o como diríamos nosotros, cuando el panorama se pone color de hormiga.
Y es que las cifras de 2025 son para que cualquier ejecutivo se sirva un tequila premium: vendieron casi 198 mil unidades, quedándose con una cuota del 23.2% del mercado. Al parecer, al mexicano le encanta la ironía de comprar marcas estadounidenses mientras le amenazan con aranceles. Lo más hilarante es el crecimiento del 27.7% en su canal "premium" (Buick, GMC y Cadillac); queda claro que, mientras unos sufren por la inflación, otros prefieren ignorar la crisis desde el asiento de piel de una Cadillac blindada.
Para cerrar este cuadro de comedia política, nuestro siempre sonriente secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha salido a decirnos que no cunda el pánico. Según él, el hecho de que GM mueva producción a EE. UU. no significa que aquí se vaya a perder un solo empleo. "GM sigue en y con México", afirma con la seguridad de quien no tiene que preocuparse por su liquidación a fin de mes. Así que ya saben, mientras Garza promete un "futuro más sostenible" y lleno de "innovación" para 2026, nosotros podemos seguir durmiendo tranquilos: las plantas no cierran, el dinero fluye y, si Trump se enoja, siempre podremos venderle un Chevrolet al vecino para que se sienta más cerca del sueño americano.
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