Resulta irónico, por no decir trágico, que tenga que ocurrir una desgracia al otro lado del Atlántico para recordarnos lo patético que es nuestro sistema de rendición de cuentas. Mientras en México seguimos perfeccionando el arte nacional de "patear el bote" hasta el fin de los tiempos para no señalar culpables y proteger la imagen inmaculada de nuestros políticos de turno, España, con todo y su dolorosa tragedia, nos va a rebasar por la derecha en la búsqueda de la verdad.
Allá en Córdoba, donde el destino decidió una mala juagada con trenes de alta velocidad, ya se cuentan 40 muertos. Pero ojo a la diferencia abismal: mientras aquí nos tomaría meses siquiera admitir que hubo un tren, allá la maquinaria burocrática —esa que aquí sirve para esconder expedientes— ya está funcionando a todo vapor.
El escenario es dantesco, digno de una película de terror mal financiada: un tren de la empresa Iryo descarriló e invadió la vía contraria, impactando a un Alvia de Renfe. Y aunque la cifra de víctimas mortales no es definitiva porque todavía están sacando cuerpos de los vagones que decidieron rodar por un talud de cuatro metros, las autoridades ya tienen una hipótesis sobre la mesa. No es "sabotaje de los conservadores" ni "un perno que se aflojó solo", sino una posible rotura de un tramo de la vía.
Es casi insultante la velocidad con la que descartan el "error humano". El presidente de Renfe salió disparado a decir que ni exceso de velocidad ni fallo del conductor. ¡Qué novedad! Mientras tanto, Carlos Bertomeu, el jefe de Iryo, califica el siniestro de "raro" y "extraño".
Pero aquí viene la bofetada con guante blanco para la gestión a la mexicana: la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) ya solicitó los registros a Adif, inspeccionará la rodadura de los trenes y, escuchen bien, extraerá los datos de las cajas negras para analizarlos en un laboratorio. Sí, van a usar la ciencia y la evidencia. En México, esas cajas negras probablemente ya se habrían "perdido" en la cadena de custodia o estarían clasificadas como seguridad nacional por cinco años.
Ya hay 37 cuerpos en el Instituto de Medicina Legal. Las víctimas tienen nombre y apellido: un periodista, una fotógrafa, un policía, una niña de seis años.... Es una tragedia espantosa, sí. Pero la mordacidad de la realidad es que España tendrá un informe técnico, culpables señalados y causas raíz identificadas mucho antes de que en México terminemos de armar algo para decidir quién integra la comisión que investigará, porque seguimos sin responsables de nuestras propias tragedias.
España llora a sus muertos, pero al menos no insulta su memoria con la impunidad eterna y el cinismo de mirar hacia otro lado. Aquí, seguiremos esperando sentados.
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