Después de un pequeño inconveniente llamado soberanía, Donald Trump ha anunciado que finalmente permitirá a sus empresas petroleras administrar las inmensas reservas de Venezuela, ahora que el "depuesto" Nicolás Maduro ha sido capturado.
Sin embargo, los mercados, esos entes caprichosos y carentes de alma que rigen nuestras vidas, han reaccionado con un berrinche digno de un heredero malcriado. Resulta que los precios del petróleo subieron un 3.39% para el Brent ($61.99) y un 3.16% para el WTI ($57.76), simplemente porque los inversores están deprimidos al darse cuenta de que saquear las reservas más grandes del mundo (más de 303,000 millones de barriles) les llevará "varios años". ¡Pobrecitos! Imaginen el dolor de tener que esperar para monetizar eso mientras la producción actual es de un patético millón de barriles diarios.
Es realmente conmovedor ver a expertos lamentarse porque se necesita "tiempo" para elaborar marcos jurídicos, fletar buques y enviar el petróleo a las refinerías estadounidenses. ¡Qué tragedia que la logística y la burocracia se interpongan en el camino de la explotación inmediata! Al parecer, una mayor producción haría caer los precios, pero como la infraestructura venezolana requiere inversión y no solo deseos imperiales, tendremos que seguir pagando la gasolina cara mientras los "liberadores" terminan de imprimir los contratos.
En fin, es el ciclo eterno de la vida: se captura a un presidente, listos para explotar los 303,000 millones de barriles y, aun así, el mercado sube los precios porque no pueden devorarlo todo mañana mismo. La paciencia es una virtud, especialmente cuando se está ocupado rediseñando el mapa energético del mundo.
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