Qué ternura nos provoca la delegación Aguascalientes del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) al "exhortar" tan amablemente a los patrones para que registren a las trabajadoras del hogar. Con una sonrisa burocrática, nos invitan a entrar a su página web para cumplir con un trámite "simplificado" de cinco pasos que, en teoría, debería hacernos sentir ciudadanos ejemplares. Sin embargo, resulta fascinante —por no decir cínico— que una institución con la fama histórica de quebrar empresas a punta de multas brutales y auditorías implacables, ahora pretenda que los empleadores corran voluntariamente a ponerse la soga al cuello.
El proceso parece una confesión guiada: primero entregas tu CURP y correo, luego manifiestas "bajo protesta de decir verdad" que todo lo que dices es cierto, y finalmente proporcionas los detalles del salario y los días laborados para que ellos te generen tu propia orden de pago. Es el equivalente administrativo a que un verdugo te pida que, por favor, midas tú mismo el grosor de la cuerda para que el nudo te quede cómodo.
El IMSS destaca que este esquema permite acceder a servicios médicos, pensiones y guarderías, lo cual es, sin duda, una iniciativa noble y necesaria para un sector históricamente vulnerable. Pero, ¡vaya flojera la de los burócratas! En lugar de que los funcionarios salgan de sus oficinas climatizadas a romperse el lomo haciendo un censo real y dando de alta ellos mismos a las trabajadoras en la calle, prefieren sentarse a esperar que el patrón, por pura bondad o miedo a una denuncia, haga todo el trabajo de campo que a ellos les corresponde.
Es una ironía deliciosa: el sistema es "obligatorio" desde el primer día, pero la logística depende de que el ciudadano confíe en una institución que, en el imaginario colectivo mexicano, es más conocida por sus embargos crueles y agresivos que por su eficiencia. Si realmente quisieran dignificar este trabajo, los burócratas deberían ensuciarse los zapatos en lugar de simplemente "invitarnos" a navegar por sus portales digitales.
Pedirle a un patrón que se registre voluntariamente ante el IMSS bajo estas condiciones es como pedirle a un ratón que rellene el formulario de suscripción para entrar a la tienda de gatos; la intención de alimentar al gato es noble, pero el ratón difícilmente olvidará quién tiene las garras.
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