Vaya iluminación burocrática de primer nivel,
premio Nobel para el "genio" que desconoce la vida real
Dice Luis Enrique que, si tu nene amanece enfermo,
no lo mandes a la escuela, y que abandones tu trabajo
¿Qué importa si chambeas o tienes que checar tarjeta?
Seguro en tu mansión tienes una clínica completa,
con alas hospitalarias privadas para el querubín,
mientras tú te peleas con tu jefe malandrín.
¡Oh, generosidad burocrática que me hace suspirar!
Pierde tu bono, tu sueldo y el derecho a trabajar.
Guarda al niño en un cajón como objeto de inventario,
mientras el IEA vive en su mundo de caramelo extraordinario.
No habrá tacha en la boleta, ¡qué gran alivio de repente!,
aunque el niño esté "deshaciéndose en mocos" y con fiebre en la frente.
Sácalo al frente frío veintisiete, no seas tan miedoso,
con 0 a 5 grados, el clima está de lo más sabroso.
Haz fila en el centro de salud bajo la tormenta,
que ese "paseíto" al su sistema inmune lo alimenta.
Todo sea por el "papelito", fantasía educativa,
que garantiza la asistencia mientras su salud empeora.
¡Qué diversión en familia es ver a la criatura tiritar,
buscando un comprobante médico para poderlo justificar!
Son iluminados que creen que los niños se curan por telepatía,
en una oficina con calefacción, ¡qué linda su utopía!
Si tu hijo tose, ya sabes: pierde el día y la paciencia,
porque para el IEA, lo único que importa es la lista de asistencia.
Agradece a la aristocracia educativa su gran bondad,
mientras tu economía colapsa con total seguridad.
¡Salud por el Instituto y su desconexión de la realidad!