¡Paren todo! Mientras el resto del mundo se preocupa por cosas triviales como ganar títulos, los Rayos han logrado la hazaña de fichar a Lorenzo ‘Loro’ Faravelli, quien llega directamente desde el Cruz Azul para perderse en el anonimato de Aguascalientes.
A sus 32 años, Faravelli parece haber decidido que ya corrió lo suficiente con la Máquina (97 partidos, para ser exactos) y que ahora es momento de disfrutar de la paz absoluta que solo un estadio vacío puede ofrecer. El argentino, que llega en un intercambio "posición por posición" por Agustín Palavecino, aterrizó en la “Tierra de la gente buena” con una enorme sonrisa, probablemente porque sabe que a partir de ahora nadie volverá a presionarlo para ganar un campeonato.
Seamos honestos: el Necaxa se ha esforzado tanto en defraudar a sus cuatro seguidores que ya ni siquiera califican para ser el blanco de los memes. Están en ese limbo existencial donde la burla ha sido reemplazada por la lástima o, peor aún, por el olvido. La directiva podría anunciar mañana el fichaje de Kylian Mbappé y la reacción de la afición sería un bostezo colectivo, seguido de una pregunta genuina sobre si el equipo todavía juega en el Estadio Victoria o si ya lo convirtieron en un salón de fiestas para la Feria de San Marcos.
Faravelli, un referente en el medio campo celeste con 12 goles y dos asistencias, ahora tendrá la noble tarea de intentar que alguien recuerde que los Rayos aún tienen registro en la Liga MX. Si pasa los exámenes médicos, el "Loro" será elegible desde la Jornada 1 bajo el mando de Martín Varini, aunque lo más probable es que su debut pase tan desapercibido como un apagón en una ciudad sin luz.
En resumen, el Necaxa ha perfeccionado el arte de la nada. Cambiar a Palavecino por Faravelli es como cambiar un billete de diez pesos por dos de cinco: el valor es el mismo y al final del día no te alcanza para nada que valga la pena.
Fichar por el Necaxa en la actualidad es como entrar a un programa de protección de testigos: sabes que estarás a salvo de la atención pública, pero tendrás que aceptar que, para el resto del mundo, básicamente has dejado de existir.
