Este fin de semana será el más esperado. Cerca de dos millones de almas será el número total de peregrinos que han caminado o van en cami...
Este fin de semana será el más esperado. Cerca de dos millones de almas será el número total de peregrinos que han caminado o van en camino por las carreteras de México en un acto de fe multitudinario. Desde la segunda semana de enero, fieles de Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro, Jalisco y la CDMX, entre muchos otros, abandonan la comodidad de sus hogares para caminar hacia San Juan de los Lagos, el segundo santuario Mariano en nuestro país más visitado, después de la Basílica de Guadalupe.
Todo este frenesí logístico culmina el 2 de febrero, Día de la Candelaria, demostrando una vez más que la fe mueve a millones de peregrinos.
El objeto de toda esta devoción comenzó siendo una pequeña figura hecha de caña de maíz -sí, maíz- que Fray Antonio de Segovia dejó por ahí en 1530, fabricada por artesanos michoacanos.
Pero fue casi un siglo después en 1623 que se reportó el primer milagro: la resurrección de una niña trapecista que murió en una función de acrobacia. Así es, a partir de ahí San Juan dejó de ser un punto en el mapa y se transformó en este monstruo de turismo religioso.
Manual para no Morir (o al menos no parecer novato)
Como al ser humano le encanta tropezar con la misma piedra, las autoridades y la experiencia colectiva han tenido que compilar una lista de recomendaciones para peregrinos, que básicamente son una súplica al sentido común (ese que suele faltar cuando caminas cientos de kilómetros).
1. No seas vanidoso con tus pies. Por el amor de Dios, no lleves calzado nuevo. Parece obvio, pero cada año alguien cree que estrenar zapatillas en una caminata interestatal es buena idea. Úsalos cómodos y con buena suela, a menos que tu penitencia incluya destruir tus pies voluntariamente. Además, empaca vaselina para las rozaduras; créeme, la fricción no perdona ni a los más devotos.
2. Olvídate del estilo. Usa ropa ligera, de secado rápido (porque vas a sudar) y capas, porque el clima te va a traicionar. Y sí, lleva cambios de calcetines y medias de algodón, preferiblemente sin costuras, para no convertir tus dedos en carne molida.
3. Hidrátate o Desmáyate. La regla es simple: bebe agua frecuentemente, incluso sin tener sed. Lleva tu propia botella y comida (frutos secos, barras energéticas), porque desmayarse a mitad de la nada no es un milagro, es negligencia.
4. Tecnología y Seguridad (La selección natural) En un giro moderno de la fe, se te pide llevar el celular cargado y una batería portátil, seguramente para documentar tu agonía en redes sociales. Pero lo más importante: evita caminar solo y procura moverte en grupo, especialmente de noche, porque la seguridad está en los números.
5. Menos es Más (Sufrimiento) Recuerda la regla de oro: "menos es más". Esa mochila gigante que preparaste se sentirá como si cargaras los pecados del mundo a mitad del camino. Lleva solo lo básico, identificación, algo de dinero (billetes pequeños, por favor) y un impermeable o bolsa de plástico, que sirve igual para la lluvia que para sentarte en la tierra.
En fin, ya sea que vayas a pagar una manda, a pedir, a dar gracias o acompañando a alguien más, intenta seguir las rutas indicadas y no correr; el destino no se va a mover. ¡Buena suerte!
Todo este frenesí logístico culmina el 2 de febrero, Día de la Candelaria, demostrando una vez más que la fe mueve a millones de peregrinos.
El objeto de toda esta devoción comenzó siendo una pequeña figura hecha de caña de maíz -sí, maíz- que Fray Antonio de Segovia dejó por ahí en 1530, fabricada por artesanos michoacanos.
Pero fue casi un siglo después en 1623 que se reportó el primer milagro: la resurrección de una niña trapecista que murió en una función de acrobacia. Así es, a partir de ahí San Juan dejó de ser un punto en el mapa y se transformó en este monstruo de turismo religioso.
Manual para no Morir (o al menos no parecer novato)
Como al ser humano le encanta tropezar con la misma piedra, las autoridades y la experiencia colectiva han tenido que compilar una lista de recomendaciones para peregrinos, que básicamente son una súplica al sentido común (ese que suele faltar cuando caminas cientos de kilómetros).
1. No seas vanidoso con tus pies. Por el amor de Dios, no lleves calzado nuevo. Parece obvio, pero cada año alguien cree que estrenar zapatillas en una caminata interestatal es buena idea. Úsalos cómodos y con buena suela, a menos que tu penitencia incluya destruir tus pies voluntariamente. Además, empaca vaselina para las rozaduras; créeme, la fricción no perdona ni a los más devotos.
2. Olvídate del estilo. Usa ropa ligera, de secado rápido (porque vas a sudar) y capas, porque el clima te va a traicionar. Y sí, lleva cambios de calcetines y medias de algodón, preferiblemente sin costuras, para no convertir tus dedos en carne molida.
3. Hidrátate o Desmáyate. La regla es simple: bebe agua frecuentemente, incluso sin tener sed. Lleva tu propia botella y comida (frutos secos, barras energéticas), porque desmayarse a mitad de la nada no es un milagro, es negligencia.
4. Tecnología y Seguridad (La selección natural) En un giro moderno de la fe, se te pide llevar el celular cargado y una batería portátil, seguramente para documentar tu agonía en redes sociales. Pero lo más importante: evita caminar solo y procura moverte en grupo, especialmente de noche, porque la seguridad está en los números.
5. Menos es Más (Sufrimiento) Recuerda la regla de oro: "menos es más". Esa mochila gigante que preparaste se sentirá como si cargaras los pecados del mundo a mitad del camino. Lleva solo lo básico, identificación, algo de dinero (billetes pequeños, por favor) y un impermeable o bolsa de plástico, que sirve igual para la lluvia que para sentarte en la tierra.
En fin, ya sea que vayas a pagar una manda, a pedir, a dar gracias o acompañando a alguien más, intenta seguir las rutas indicadas y no correr; el destino no se va a mover. ¡Buena suerte!
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