En un despliegue de heroísmo burocrático digno de una medalla al mérito por procrastinación, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) decidió que la primera semana de 2026 era el momento perfecto para aplicar la de "ahorita no, joven". Con una elegancia que envidiaría cualquier escapista, el Pleno retiró de su lista el proyecto que debía poner en su lugar al Congreso de Aguascalientes por su brillante idea de reducir el plazo del aborto legal de 12 a solo seis semanas.
Parece que a nuestros flamantes nueve ministros y ministras, esos mismos que fueron elegidos por voto popular el pasado 1 de junio con la promesa de ser el "faro del progreso", les dio un repentino ataque de amnesia jurídica. Es enternecedor ver cómo una Corte que en 2023 se puso la capa de superhéroe para despenalizar el aborto a nivel nacional ahora prefiere mantener la incertidumbre jurídica y médica para las mujeres. Porque claro, nada dice "justicia social" como dejar que un estado decida que el reloj biológico deba correr al doble de velocidad que en el resto del país.
Aguascalientes: Donde el tiempo vuela (literalmente) Mientras en casi todo México el estándar son las 12 semanas —e incluso hay vecinos como Colombia que se atreven a llegar a las 24 sin que el cielo se caiga—, en el ultraconservador Aguascalientes se cree que seis semanas son más que suficientes, asumiendo que las mujeres de aquí tienen un detector de embarazo por telepatía que se activa al segundo de la concepción.
La sombra de la sacristía y el miedo al "qué dirán" ¿Por qué la Corte se acobardó? Aunque oficialmente no dicen ni pío, el hedor a presiones de la Iglesia católica y del PAN llega hasta las oficinas de la CDMX. La Arquidiócesis, con su habitual sutileza, acusó a la Corte de "despreciar la vida" y hasta se inventaron que el proyecto quería permitir el aborto a los nueve meses. El ministro Irving Espinosa tuvo que salir a explicar, como si fuera maestro de primaria, que su proyecto solo buscaba impedir que los legisladores locales jueguen a ser dioses reduciendo plazos por puro capricho ideológico.
Pero no se preocupen, la directora de Católicas por el Derecho a Decidir todavía tiene esperanzas de que la Corte dé "señales diferentes". Qué envidia su optimismo; mientras tanto, la laicidad del Estado mexicano sigue siendo ese chiste que se cuenta solo en las reuniones de los domingos.
En resumen, tenemos una Corte que es "progresista" en el discurso, pero que en la práctica parece tenerle más miedo a un tuit de la ultraderecha que a violar los derechos humanos que juraron defender. ¡Bravo! La justicia en México no solo es ciega, también parece que sufre de una parálisis selectiva muy conveniente.
La justicia mexicana es como ese mesero que te promete la cuenta "en cinco minutos" mientras tú ves cómo se apagan las luces del restaurante y el personal se va a su casa: te juraron que tus derechos estaban servidos, pero al final te dejaron solo, a oscuras y con el hambre de coherencia intacta.
