Parece que a la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (CANACINTRA) en Aguascalientes se le olvidó que el espíritu empresarial se trata de riesgo y resiliencia, y no de estirar la mano cada vez que el SAT les manda un correo. Resulta que ahora, bajo el liderazgo de Erika Muñoz Vidrio, el sector industrial ha descubierto que "ser formal cuesta mucho dinero".
¡Vaya revelación! Seguramente el resto de los mortales pensábamos que los impuestos eran opcionales.
¿Dónde quedó la "gente buena" y luchona? Se extraña aquella iniciativa privada de Aguascalientes que de verdad era el motor del estado. Hoy, el discurso se ha transformado en un lastimero ruego por "incentivos" para no caer en la tentación de poner un puesto de chascas en la esquina. Según la visión de CANACINTRA, si el gobierno no les regala exenciones de impuestos, simplemente no pueden con el paquete. Es conmovedor ver cómo empresas consolidadas se declaran incapaces de lidiar con la "agilidad en las reformas laborales", argumentando que los cambios son tan rápidos que apenas están en la "transición" mientras el barco se hunde.
El chantaje de la informalidad El argumento es casi poético en su cinismo: "O me das incentivos, o me vuelvo informal". Es como si un maratonista amenazara con dejar de correr si no le ponen una alfombra roja en cada kilómetro. Muñoz Vidrio clama por un "piso parejo", pero su definición de pareja parece ser que el gobierno les pague la cuenta para que no se sientan "golpeados" por sus obligaciones legales.
Cifras de espanto (o de pretexto) Para darle un toque dramático a su tragedia, mencionan la baja de más de 24 mil registros patronales ante el IMSS en 2025. Claro, la culpa es de la burocracia y del costo de las prestaciones de ley, porque obviamente, pedirle a un empresario que dé seguridad social a sus empleados es pedirle que entregue un riñón.
En lugar de buscar innovación o eficiencia, la estrategia parece ser esperar a que papá gobierno les resuelva la nómina. Si la "iniciativa privada" requiere de subsidios constantes y perdones fiscales para sobrevivir, quizás deberían cambiarle el nombre a "iniciativa subsidiada". Al paso que vamos, la próxima asamblea de CANACINTRA no será en un centro de convenciones, sino en la fila para cobrar alguna beca de apoyo al desvalido industrial.
Pedir incentivos gubernamentales para no volverse informal es como si un chef profesional amenazara con dejar de lavarse las manos y empezar a cocinar en la calle solo porque el jabón y la renta del local subieron de precio; en lugar de mejorar su menú, prefiere que el ayuntamiento le pague la cuenta del agua para seguir siendo "formal".
