Resulta que la conferencia mañanera de las 7:30 no es tan inamovible como nos querían hacer creer. Basta un timbrazo desde Washington para que la agenda nacional se modifique y la presidenta Sheinbaum decida que el "pueblo" puede esperar hasta las 9:00 horas. Porque, claro, cuando su "homólogo" estadounidense tiene ganas de charlar, todo mundo se cuadra.
La excusa oficial para este retraso en el horario de hoy, 29 de enero de 2026, es una "llamada programada" con el Presidente Trump. Al parecer, la "agenda bilateral" es el eufemismo diplomático de moda para decir: "Quiero platicar, nosotros preguntamos '¿a qué hora?'"
Mientras la presidenta acomoda su reloj, Palacio Nacional se llenó ayer de diplomáticos estadounidenses ¿De qué hablaron? Nadie sabe, nadie supo. Fieles a su estilo de transparencia selectiva, el Gobierno de México ha decidido guardar silencio sobre los "asuntos específicos" y promete que ya nos avisarán "posteriormente" de qué trata tanto misterio.
Es enternecedor ver cómo intentan disfrazar estos actos de obediencia bajo términos rimbombantes como "cooperación bilateral" y "política exterior". La realidad es mordaz: la conferencia podrá llamarse "del Pueblo", pero el horario lo dictan desde la capital estadounidense.
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