Este jueves 29 de enero, el mandatario firmó una orden ejecutiva para recordarnos quién manda en el patio de recreo, estableciendo que Estad...
Este jueves 29 de enero, el mandatario firmó una orden ejecutiva para recordarnos quién manda en el patio de recreo, estableciendo que Estados Unidos podrá imponer aranceles a cualquier país que tenga la osadía de venderle o regalarle petróleo a Cuba.
Porque, claro, según la lógica, la situación con La Habana constituye una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional” de la potencia más grande del mundo.
Porque, claro, según la lógica, la situación con La Habana constituye una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional” de la potencia más grande del mundo.
La Extorsión Arancelaria
Para ejecutar esta obra maestra de la diplomacia del garrote, Howard Lutnick, secretario de Comercio, jugará al detective para señalar con el dedo qué país "directa o indirectamente" le pasa un barril de crudo a la isla. Y una vez identificado el pecador, entrará en escena nada menos que Marco Rubio, secretario de Estado, quien decidirá qué gravamen adicional se impondrá a los productos de dicha nación.
¿Y México?
Y aquí es donde entramos nosotros a jugar a la ruleta rusa. Resulta que nuestro país, en un alarde de solidaridad, se ha convertido en el "principal proveedor de petróleo y derivados a Cuba" para ayudarles con su déficit de combustible.
Gracias a esta caridad, el gobierno mexicano ha logrado elevar el "costo geopolítico" de su relación con el vecino del norte hasta la estratósfera. Ahora, la incertidumbre reina: ¿Nos caerá el mazo? ¿Seremos nosotros los afortunados ganadores de los nuevos aranceles por atrevernos a suministrar energía al país caribeño?
Prepárense, porque si Howard Lutnick decide que nuestro petróleo es culpable, la factura de esta fiesta humanitaria la vamos a pagar con impuestos en la frontera.
Para ejecutar esta obra maestra de la diplomacia del garrote, Howard Lutnick, secretario de Comercio, jugará al detective para señalar con el dedo qué país "directa o indirectamente" le pasa un barril de crudo a la isla. Y una vez identificado el pecador, entrará en escena nada menos que Marco Rubio, secretario de Estado, quien decidirá qué gravamen adicional se impondrá a los productos de dicha nación.
¿Y México?
Y aquí es donde entramos nosotros a jugar a la ruleta rusa. Resulta que nuestro país, en un alarde de solidaridad, se ha convertido en el "principal proveedor de petróleo y derivados a Cuba" para ayudarles con su déficit de combustible.
Gracias a esta caridad, el gobierno mexicano ha logrado elevar el "costo geopolítico" de su relación con el vecino del norte hasta la estratósfera. Ahora, la incertidumbre reina: ¿Nos caerá el mazo? ¿Seremos nosotros los afortunados ganadores de los nuevos aranceles por atrevernos a suministrar energía al país caribeño?
Prepárense, porque si Howard Lutnick decide que nuestro petróleo es culpable, la factura de esta fiesta humanitaria la vamos a pagar con impuestos en la frontera.
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