La civilización ha llegado finalmente a Jesús María. No es un tren bala, no es un hospital de primer mundo, es algo mucho más majestuoso: un camión de basura. Sí, leyeron bien, uno solo.
El Municipio, en un despliegue de generosidad que seguramente dejará las arcas temblando, ha decidido que los ciudadanos merecen el lujo inaudito de que les recojan los desperdicios. El alcalde César Medina, probablemente con lágrimas de emoción en los ojos, nos informa que este vehículo es vital para enfrentar las 90 a 95 toneladas de basura que los jesusmarienses generan diariamente con tanto entusiasmo. Al parecer, la estrategia maestra para una ciudad de ese tamaño es contar con la impresionante flota de... redoble de tambores... ¡once camiones!. Vaya, cuidado no se vayan a tropezar entre tanta maquinaria moderna; es el segundo que entregan en esta administración.
El Privilegio de Ruiseñores y la Ecología de Aparador
Pero no se emocionen todos, el Secretario de Servicios Públicos, Enrique Barba, ha dejado claro que este carruaje real tiene destino exclusivo: el fraccionamiento Ruiseñores. Allí, los afortunados residentes verán pasar el camión dos veces al día. ¿El resto del municipio? Bueno, sigan acumulando bolsas y rezándole al santo de su devoción.
Y para que vean que somos modernos, nos presumen que el camión trae un sistema de "urea automotriz" para reducir emisiones y ahorrar diésel. ¡Qué ternura! El municipio nadando en basura, pero eso sí, con un camión eco-amigable. Seguramente el planeta respira aliviado mientras el resto de las carencias primarias siguen intactas.
La Culpa es del Basurero.
Y aquí viene la cereza del pastel, la joya de la corona de la burocracia cínica. Como si administrar la miseria no fuera suficiente, el alcalde Medina ha tenido una epifanía legislativa: quiere tipificar como falta administrativa que los recolectores dejen residuos tirados.
¡Brillante! No es culpa de la falta de equipo, ni de la gestión a cuentagotas, ni de tener solo once camiones para un municipio entero. No, señor. La culpa, según esta lógica aplastante, es del pobre diablo que se cuelga del camión y carga las bolsas bajo el sol. La administración busca "proteger la salud pública" y "mejorar la imagen", no renovando la flota completa, sino amenazando con sanciones al eslabón más débil de la cadena. Porque nada dice "orden urbano" como multar al que limpia tu desastre.
En fin, se agradece el camión, claro que sí. Pero a este paso, para cuando renueven los faltantes ya estaremos viviendo tres metros bajo tierra.
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