Es un verdadero milagro de la ingeniería financiera: nuestras autoridades han logrado que 24 millones de pesos se evaporen más rápido que el agua de un charco tras una tormenta. Según los informes oficiales, se desembolsaron 24 millones de pesos con el noble propósito de reparar los baches que las lluvias nos dejaron de "regalo" en la capital. Sin embargo, si uno sale a la calle, parece que en lugar de mezcla asfáltica usaron polvos mágicos de invisibilidad, porque prácticamente ningún bache ha sido tapado; de hecho, sospechamos que algunos ya tienen su propio código postal.
Es fascinante el sentido del humor negro de la administración: nos dicen que el dinero ya se gastó, mientras los ciudadanos practicamos un deporte extremo cada vez que intentamos llegar al trabajo sin que el auto pierda una llanta o el alma en un cráter. Quizás el plan maestro no sea arreglar las calles, sino convertir la ciudad en un campo de pruebas para la NASA, aprovechando que nuestras avenidas tienen más hoyos que la superficie de la Luna. ¿Para qué tapar baches cuando podemos llamarles "piscinas comunitarias de un solo carril" o "trampas para turistas"?
Resulta ofensivo que se hable de semejante inversión cuando la única "reparación" visible es el letrero de "Precaución" que algún vecino caritativo puso dentro de un pozo para evitar que un compacto desaparezca para siempre. Los 24 millones de pesos parecen haber caído en el bache más profundo de todos: el de la burocracia inexplicable, dejando a la capital como una zona de guerra donde los únicos que ganan son los talleres mecánicos. La ciudadanía no quiere ver recibos de desembolsos millonarios; quiere ver asfalto que no se deshaga con el estornudo de una nube y, sobre todo, quiere saber en qué bolsillo terminaron esos millones que claramente en el suelo no están.
Invertir millones en baches que siguen abiertos es como pagar por una cirugía de corazón abierto y que el médico solo te ponga una calcomanía de superhéroe en el pecho; te cobraron como si te hubieran salvado la vida, pero el hueco sigue ahí y tú sientes que te vas a morir en cualquier momento.
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