La Secretaría de Servicios Públicos Municipales, nos comenta que pasamos de generar 700 gramitos de basura por habitante a casi 900 gramos de desperdicios al día.
Pero la tragedia no termina en nuestra capacidad de producir basura, sino en la bárbara afición por destruir el mobiliario urbano de algunos ciudadanos. Carlos España Martínez, el titular de la secretaría que debe limpiar nuestros desastres, ha confirmado que la red de contenedores está para llorar: más de 1,000 contenedores están inservibles, no solo por viejos, sino porque nos encanta chocarlos, vandalizarlos y prenderles fuego.
La solución del Ayuntamiento para lidiar con esta horda de salvajes es abrir la cartera. Se planean comprar 500 contenedores nuevos, que costarán entre 45,000 y 55,000 pesos cada uno. ¡Qué ganga! Nada como gastar millones del erario para reponer lo que el "pueblo bueno" destruye por diversión. Y para los que no alcancen el lujo de estrenar, se aplicará una estrategia estilo Frankenstein: usarán las "partes útiles" de los cadáveres metálicos para remendar otros 500 contenedores, porque reparar estas chatarras sale entre 8,000 y 10,000 pesos. Básicamente, reciclar basura para guardar basura.
Y no olvidemos a los pirómanos navideños. En diciembre, entre 80 y 90 contenedores fueron incendiados. Estos actos se persiguen como delito, pero buena suerte para encontrar al culpable entre la humareda de impunidad.
La administración cree que aumentar de 54 a 56 las rutas de recolección será la panacea para bajar la carga de trabajo, intentando que los camiones solo recojan la inmundicia de 70 u 80 contenedores en lugar de 120. También están reparando el centro de transferencia Universidad para ver si los camiones dejan de perder el tiempo en traslados.
Pueden poner mil rutas más, pero mientras la ciudadanía siga empeñada en producir casi un kilo de basura diaria por cabeza y tratar los contenedores como piñatas de metal, seguiremos viviendo en el basurero que nosotros mismos nos hemos ganado a pulso.
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