Resulta que la tormenta Fern ha provocado el histórico caos de 15 mil cancelaciones o retrasos de vuelos en Estados Unidos, el peor desde la pandemia. Pero, agárrense de sus asientos , porque aquí viene la cachetada con guante blanco para nuestra querida burocracia nacional.
Contrario a la bonita tradición mexicana de avisar que viene el huracán cuando ya estás nadando en la sala de tu casa o cuando el techo ya aterrizó en el patio del vecino, resulta que en Estados Unidos los anuncios de la llegada de la tempestad se conocieron a tiempo y fueron correctos. Sí, leyeron bien, las aerolíneas suspendieron los vuelos con anticipación, evitando ese hermoso espectáculo tercermundista de tener a miles de almas en pena hacinadas en los aeropuertos respirándose la nuca.
Mientras aquí nuestras autoridades esperan al "cinco para la hora" para mover un dedo, allá decidieron que era mejor cancelar todo antes de que la gente hiciera el ridículo intentando volar. En el aeropuerto de Dallas Fort Worth, base de American Airlines, cancelaron el 86 por ciento de los vuelos, lo que básicamente es una paralización total.
La tormenta es tan monstruosa que cubre 3,700 kilómetros y afecta a 200 millones de habitantes, una cifra que haría temblar a cualquier funcionario público de este lado del Río Bravo. Y para colmo de la ironía, el caos no es solo por el hielo, sino porque los trabajadores son incapaces de llegar a los aeropuertos para cumplir su función.
American Airlines ya lleva 822 vuelos cancelados en el arranque de esta fiesta helada. Dicen que están trabajando sin descanso para limpiar las pistas, esperando que hoy lunes se logre normalizar la situación de conectividad, que va desde Texas hasta Massachusetts.
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