Parece que después de jugar al "libertador" en Venezuela y "retirar" a Nicolás Maduro de la oficina, el tío Donald se aburrió del sol y ahora quiere algo más fresco para su colección de propiedades. Con esa sutileza de elefante en cristalería que lo caracteriza, ha declarado que necesita a Groenlandia por "motivos de seguridad nacional". Porque claro, nada dice "seguridad" como intentar comprar un país entero como si fuera un edificio viejo en Manhattan.
Lamentablemente para sus sueños de expansión inmobiliaria ártica, Groenlandia no es Venezuela. La redacción de enDOSminutos.com te explica por qué el sueño de Trump de ponerle lámina de oro al hielo se va a quedar en un berrinche de Twitter (o X, o lo que sea que use hoy):
- Esos molestos "derechos" de la gente: Resulta que, desde 2009, Groenlandia tiene un amplio autogobierno dentro del Reino de Dinamarca. Según el derecho internacional, cualquier cambio de soberanía requiere el consentimiento de su población. Y, sorpresa: a los groenlandeses no les entusiasma mucho la idea de cambiar su sistema de bienestar por uno donde una aspirina cuesta lo mismo que un Tesla.
- Pelearse con los "amiguis" de la OTAN: Dinamarca no es solo un país que hace galletas ricas; es miembro de la OTAN. Un intento de presión unilateral por parte de EE. UU. no solo arruinaría las cenas de Navidad de la alianza, sino que la debilitaría en el peor momento posible, justo cuando todos están compitiendo por ver quién manda en el mundo.
- La Unión Europea y su "valentía" (con asterisco): La UE ya sacó sus comunicados muy elegantes hablando de la "soberanía" y el "orden basado en normas". Pero seamos honestos, su respuesta es prudente porque su seguridad depende totalmente de los militares estadounidenses. Es como si el bully de la escuela quisiera quitarle el almuerzo a tu primo, pero no puedes decirle nada porque el bully es el mismo que te protege de los niños de sexto.
- El tesoro está enterrado muy profundo: Trump no quiere el hielo para hacer bolis; lo quiere por los 1.5 millones de toneladas de tierras raras (como el escandio y el itrio) y las reservas de gas, petróleo, uranio y zinc. Además, con el cambio climático (ese que supuestamente no existe) derritiendo el Ártico, Groenlandia se está volviendo el punto logístico ideal para las nuevas rutas comerciales. Básicamente, es el terreno baldío que nadie quería hasta que decidieron construir un centro comercial enfrente.
Aunque EE. UU. ya tiene su juguete en la isla —la base aérea de Thule para su defensa antimisiles—, adueñarse de todo el bloque de hielo es legalmente una pesadilla y políticamente un suicidio.
Imagina que Estados Unidos es ese vecino millonario que ya se apropió del lugar de estacionamiento del vecino de la esquina (Venezuela). Ahora, quiere comprarle el jardín trasero al vecino danés porque se enteró de que ahí hay una mina de oro. El vecino danés dice que no, y aunque los demás vecinos (la UE) murmuran que eso está mal, todos se callan en cuanto el millonario les recuerda que él es el único que paga al guardia de seguridad de la colonia. Al final, el millonario se queda con las ganas del jardín, pero ya tiene instalada una cámara de vigilancia (la base de Thule) apuntando directamente a la alberca del vecino.
Una auténtica pachanga internacional.
