Vaya drama nacional se está cocinando en los pasillos de San Lázaro. El Grupo Parlamentario del PAN ha lanzado la iniciativa de las iniciativas: una reforma al Código Penal Federal y a la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada que propone castigar la colusión de servidores públicos con el crimen organizado con penas que van de los 80 a los 140 años de prisión. Presentada con bombo y platillo por los diputados José Manuel Hinojosa y Elías Lixa, la reforma busca mandar a la sombra -de por vida y de forma imprescriptible- a cuanto político haya decidido cambiar la Constitución por un pacto de caballeros con la maña.
Una propuesta conmovedora, de verdad. Pero analicemos las cosas fríamente: si esta iniciativa se aprobara y, por algún milagro cósmico, se aplicara con rigor, el Congreso, las gubernaturas y los palacios municipales de este hermoso país se quedarían casi completamente vacíos. Estaríamos ante una crisis de desempleo burocrático sin precedentes. No quedaría alma alguna para sesionar, ni para inaugurar banquetas inconclusas, ni mucho menos para cobrar los jugosos bonos de fin de año. Las cárceles tendrían que inaugurar zonas residenciales VIP para albergar a tantos exfuncionarios distinguidos, y el último político honesto (si es que la ciencia encuentra alguno) tendría que apagar la luz de Palacio Nacional al salir.
El "Arranque Helénico" de Monreal: Pobres delincuentes, no seamos "draconianos"
Por supuesto, la respuesta oficialista no se hizo esperar, y llegó de la mano de un doctor en derecho experto en la antigua Grecia. El coordinador de la bancada de Morena, Ricardo Monreal, rechazó de inmediato la propuesta panista con un argumento digno de un diván filosófico: "Yo no soy draconiano".
Monreal, conmovido hasta las lágrimas por la proporcionalidad de la justicia, nos recordó que el viejo jurista griego Dracón creía que todo se solucionaba subiendo las penas, pero que "se demostró desde la antigüedad que no funciona". ¡Qué elegancia! Nada de encarcelar de por vida a los funcionarios cómplices de Sinaloa o Tabasco. Para Monreal, el combate a la colusión criminal no se hace con celdas de por vida, sino con... una profunda reflexión espiritual. De hecho, el mismo legislador exhortó amablemente a Morena a "evitar proponer candidatos que tengan vínculos con la delincuencia".
¡Brillante! ¿Para qué reformar leyes o encarcelar narco-gobernadores en fuga si basta con pedirles de favor que no se postulen? "Por favor, señor capo, no se anote para la diputación, que nos hace perder simpatías de cara al 2027". Con ese tierno filtro moral, las instituciones de seguridad mexicana están en manos seguras.
La Tómbola Judicial: ¿Delincuentes o Vengados?
Pero el verdadero toque maestro de esta comedia de humor negro llega cuando contemplamos el escenario judicial. Con una "corte a modo", donde los jueces y magistrados se eligen mediante la sagrada tómbola del bienestar y la lealtad ciega al movimiento, la ley de los 140 años de prisión sería el juguete perfecto de persecución.
En un sistema judicial tan pulcro, ¿quién podría distinguir a un verdadero delincuente de un perseguido político? Nadie sabría si el exfuncionario que purga el siglo de cárcel está ahí por haber colaborado con mafias, o simplemente por haberle negado el saludo al líder en turno o por no sumarse a la secta. Las condenas imprescriptibles se convertirían en la ruleta rusa de las venganzas políticas.
Al final, este es el México lindo y querido donde la sensatez institucional se fue de vacaciones hace mucho y donde se rige bajo el evangelio nacional más honesto de los últimos tiempos: "¡No me vengan con que la ley es la ley!". Así que no se preocupen, señores políticos: ni el PAN llenará las cárceles, ni Morena dejará de darnos clases de historia griega antigua para defender la impunidad. El circo sigue, y nosotros seguimos pagando el boleto.
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