Por si la evaporación del T-MEC fuera poco alivio, también está el flamante estado de la solvencia nacional. La agorera calificadora rebajó la nota crediticia de México de Baa2 a Baa3 con perspectiva estable. Este modesto "descuento" en la evaluación soberana dejó al país a un solo escalón de perder el grado de inversión y caer formalmente en la categoría de bono basura. La razón detrás de semejante logro es el acelerado deterioro de la solidez fiscal iniciado en 2024, sumado a la manifiesta incapacidad del gobierno para frenar el aumento de la deuda pública en medio de un raquítico crecimiento.
Hablando de crecimiento, la comedia no termina ahí. Moody's anticipó que ajustará ligeramente al alza sus pronósticos para el Producto Interno Bruto (PIB), elevándolos de 1% a 1.5% para este año y de 1.5% a 1.8% para el próximo. No obstante, el propio Merino advirtió que estos diminutos avances no alcanzan absolutamente para nada. Para evitar que la carga de la deuda continúe desbordándose o para cubrir las abismales carencias en educación, salud e infraestructura, México requiere de un crecimiento sostenido por encima del 2%, una cifra que por ahora parece pura ciencia ficción.
Por último, respecto al Paquete Económico 2027, la agencia señaló que sus proyecciones de un déficit que bajará a paso de tortuga y una deuda pública al alza no fueron ninguna sorpresa, sirviendo únicamente como una confirmación "realista" del camino trazado. La calificadora mantendrá bajo estricta vigilancia las decisiones de la presidenta Claudia Sheinbaum durante los próximos 12 a 18 meses para ver si logra estabilizar las finanzas públicas o si el deterioro se vuelve permanente hacia 2027. Mientras tanto, sigamos disfrutando de este emocionante paseo al borde del precipicio económico.