¡A ver, sobrinitos chulos! Sí, ustedes, mis "exitosos" empresarios de la ganadería, que se la pasan más profundamente dormidos que sus propias reses en el potrero. Vengo a bajarles los humos y a quitarles lo sabelotodo, porque resulta que en el bonito deporte nacional de dejarse robar las vacas, ¡somos subcampeones nacionales! Sí, mis niños, ostentamos con un orgullo casi patológico la medalla de plata en abigeato. Un aplauso para todos, que el esfuerzo de no mover un solo dedo por fin está rindiendo frutos.
Ya los oigo quejándose con ese tonito de flojera que los caracteriza: "Ay, tía, pero si en el primer trimestre de 2026 nomás hubo 43 denuncias, y el genio que preside la Unión Ganadera ya andaba de fiesta jurando que el robo estaba prácticamente erradicado". ¡Por favor! Esos cuentos de hadas de jardín de niños son para sus abuelas, porque a mí no me ven la cara. Esos ladrones nomás se estaban tomando unas merecidas vacaciones de primavera. Para junio de 2026, la cifra mágicamente se trepó a 81 casos registrados en la entidad. Seguramente las vacas se aburrieron del establo y decidieron independizarse voluntariamente.
Y si creen que son "poquitos" casos, es porque de plano el agua no les sube ni al primer escalón del tinaco que tienen por cabezota. Cuando calculamos esa cifra por cada millón de habitantes, ¡pum!, la realidad les da una bofetada: ¡tenemos una hermosa tasa de 116 denuncias por cada millón de habitantes! Tabasco lidera el medallero de oro con 179, pero no se agüiten, que con su talento innato para la negligencia ganadera, muy pronto los rebasamos en el podio.
Es que de veras, hasta para que los roben les falta un hervor. Los delincuentes de ahora ya tienen más clase, modales y hasta conocimientos de anestesiología veterinaria: les duermen al ganado con drogas sedantes e inyectables directamente en las narices. Les arman un spa de relajación profunda y aromaterapia anestésica en el establo para llevárselos flotando entre nubes y sin un solo mugido. Y mientras ustedes roncan a pierna suelta en la Luna, los ladrones consiguen "aretes chuecos" de identificación falsificados en el mercado negro por unos miserables 300 o 500 pesitos. ¡Eso es mentalidad de tiburón y emprendimiento ajeno facilitado por la corrupción, mientras ustedes siguen en la Luna!
¿Y qué dicen nuestras queridísimas e ilustres autoridades? Bueno, para empezar, tuvimos un flamante decreto el 12 de enero de 2026 que le otorgaba al Poder Ejecutivo un plazo de 180 días naturales para expedir el nuevo Reglamento de la Ley de Desarrollo Pecuario. El plazo expiró a finales de julio de 2026 y... ¡sorpresa! Absolutamente nada. Ese reglamento viene más lento que una tortuga con reumatismo crónico. Lo más probable es que el reglamento llegue el mismo día en que sus vacas aprendan a redactar a máquina y vayan solas a denunciar al ministerio público.
Aunque, seamos realistas, si las vacas fueran solas a denunciar a la Fiscalía General del Estado, la respuesta de los burócratas sería exactamente la misma. La Fiscalía es una máquina perfecta generadora de videos bonitos tipo 'Misión Imposible', de disuasión y tortura burocrática; su inutilidad es tan sublime que los agentes del Ministerio Público probablemente piensen que el "abigeato" es un sabor de gelato italiano. Mientras la delincuencia opera con precisión quirúrgica, los investigadores de la Fiscalía siguen intentando resolver el gran misterio de cómo encender la computadora de la oficina. Para lo único que sirve poner una denuncia ante ellos es para engrosar el archivo muerto o para darles a los pasantes papel reciclado para hacer avioncitos. Si el ladrón no les deja un mapa firmado, un video en alta definición y una carta de confesión notariada, la Fiscalía simplemente asumirá que la vaca decidió cometer suicidio voluntario o huir con un toro de otro estado.
Esa es la triste realidad, sobrinas y sobrinos. Esperar que la Fiscalía investigue o resuelva un caso es tenerle fe a un milagro que ni la ciencia ni la teología pueden explicar. || enDOSminutos.com || Realidad Irreverente ||
