Tras el estrepitoso fracaso de las negociaciones el pasado 21 de agosto, donde ambos gobiernos se acusaron mutuamente de meter cláusulas inaceptables a última hora, la Casa Blanca activó un modesto arancel del 50% sobre productos canadienses valorados en 20,000 millones de dólares. Pero la verdadera genialidad llegó este domingo: Trump, con la sutileza que lo caracteriza, invitó a todas las empresas canadienses a mudar sus operaciones a Estados Unidos "inmediatamente". La oferta es de una generosidad que estremece: si regresan a su territorio, mágicamente "no habrá aranceles". Es el equivalente comercial a decir: "Qué bonita fábrica de autopartes tiene usted ahí en Ontario... sería una lástima que algo le pasara el 1 de enero de 2027", fecha en la que los aranceles a los vehículos y el acero subirán al 50%.
¡No queremos nada canadiense!
El mandatario estadounidense ha sido tajante: "No quiero nada canadiense. Nos han estado estafando durante décadas". El desprecio es tan profundo que abarca desde los automóviles hasta las piezas de automoción. Sin embargo, ese odio no impide un sano apetito por el territorio ajeno. En un movimiento digno de un conquistador digital de videojuego, Google Maps modificó el nombre del Lago Ontario por "Lago América" para los usuarios de Estados Unidos, cumpliendo una orden ejecutiva firmada por Trump. Al parecer, la soberanía geográfica canadiense se puede evaporar con una simple actualización de software.
Pero no todo es celebración cartográfica en el imperio. Esta guerra comercial tiene un talón de Aquiles sumamente sensible, y no es precisamente el acero o el aluminio. Resulta que Estados Unidos es el país que más papel higiénico consume por persona en el mundo. Al pelearse con Canadá, su principal eslabón en la cadena de suministro de pulpa de madera, el ciudadano estadounidense promedio se enfrenta a la peor de las pesadillas: un futuro de inflación y un muy patriótico estreñimiento nacional.
¿Quién necesita a Canadá cuando tienes "regalos" caribeños?
Mientras el primer ministro canadiense, Mark Carney, intenta defenderse anunciando aranceles de represalia sobre más de 700 productos estadounidenses para el 8 de septiembre -en un desesperado intento por demostrar que Canadá tiene "las reservas y la resiliencia" para responder al ataque aunque dos de cada cinco canadienses ya tiemblen de miedo por perder su empleo- Trump ya encontró un nuevo mejor amigo energético.
¿Para qué rogarle a Ottawa por petróleo cuando puedes presentarte en el Caribe y convencer a Venezuela de que te entregue el control de más del 20% de sus reservas petroleras bajo la etiqueta de "un regalo de Venezuela al pueblo de Estados Unidos"? Sí, Trump ha anunciado alegremente que usará este crudo para "llenar" las reservas estratégicas estadounidenses. Una transacción tan voluntaria, simétrica y equitativa que haría sonreír de orgullo a cualquier pirata del siglo XVII.
Así queda configurado el nuevo orden mundial: los canadienses defienden su orgullo nacional mientras ven peligrar sus empleos y su papel higiénico, el Lago Ontario ahora es propiedad inmobiliaria digital estadounidense, y Venezuela financia las reservas de la superpotencia de manera "totalmente altruista". La globalización ha muerto; que viva el imperio del sarcasmo.
|| enDOSminutos.com || Realidad Irreverente ||
