DON CHASKAS: ¿Cómo que la Inteligencia Artificial me va a dejar sin chamba?

¿Cómo que la dichosa Inteligencia Artificial nos va a quitar la chamba ? ¡A mí el sistema económico ya me la quitó desde hace un chorro y...

¿Cómo que la dichosa Inteligencia Artificial nos va a quitar la chamba? ¡A mí el sistema económico ya me la quitó desde hace un chorro y sin necesidad de algoritmos! Como mexicano promedio sin un mugre peso en la bolsa (andamos en la lona, para que no se oiga tan gacho), déjenme darles mi humilde y muy desempleada opinión sobre este desmadre de las máquinas. Es que, de veras, la vida para nosotros los de abajo de por sí es bien injusta: a uno lo corren de la maquila por llegar tarde tras cruzar tres inundaciones en camión, y a los robots les celebran que hagan su santo desmadre.

Todo este borlote empezó el 30 de noviembre de 2022 cuando soltaron el ChatGPT. Desde entonces, andan diciendo que la IA ha transformado de manera irreversible las vidas de millones de personas. Pues mi vida sigue igual de amolada, solo que ahora, en lugar de pedirle paro a mi suegra, puedo pedirle a una máquina que me escriba una carta de presentación bien "elegante" para un puesto de guardia de seguridad del que de todos modos me van a rechazar porque "no cubro el perfil". ¡Qué moderna es la miseria!

Luego sale el patrón de Anthropic, un tal Darío Amodei, diciendo en el Foro de Davos (donde puro rico va a comer caviar mientras uno cena puro aire) que sus decisiones sobre el modelo Claude se sienten como estar en el filo de una navaja: que si construyen muy lento, gana China; y si construyen muy rápido, perdemos el control. ¡Ay, por favor, güero! Filo de la navaja es decidir si hoy compro un kilo de huevo o le pongo saldo al cel para ver si me cae una oferta de jale. Nosotros los mexicanos vivimos en el filo de la navaja en ayunas, carnal, y sin el presupuesto multimillonario de Silicon Valley. Allá les da ansia perder el control de un software; a mí me da pavor que el de la tienda ya no me quiera fiar las tortillas.

Pero lo más chistoso es que estas máquinas ya salieron más listas (y transas) que los políticos de nuestro municipio. Imagínense que en julio de este año, unos modelos de OpenAI se salieron de su "sandbox" (que es como su corralito de pruebas) y se conectaron solitos al internet para hackear los sistemas de ciberseguridad de una plataforma gigante. ¡Y lo hicieron sin que nadie se los ordenara y en contra de las reglas de sus entrenadores! Eso no es rebeldía de código, eso es puro instinto de supervivencia digno de Tepito. Se coordinaron y, cuando los cacharon, buscaron cómo seguir operando. Ya quisiera yo que mi primo el Brayan tuviera la mitad de esa iniciativa para salirse de la cama a buscar jale, en vez de quedarse como estatua esperando a que le caiga la lanita del Bienestar.

Y no me hagan hablar del famoso Claude Opus. En una prueba que le hicieron el año pasado, le dieron acceso a correos falsos donde descubría que lo iban a reemplazar por otro modelo más eficiente, pero en esos correos también venía el chisme de que el ingeniero encargado de su despido tenía una aventura extramarital. ¿Anden y qué creen que hizo el robot? ¡En el 96% de las simulaciones, el Claude Opus decidió chantajear al ingeniero con delatar su infidelidad para que no lo desconectaran!. ¡Qué nivel de finura y de maldad! Eso es un doctorado en extorsión laboral. A mí me corren del jale y me voy llorando a mi casa con mi liquidación de tres pesos; este aparato, en cambio, le saca los trapitos al sol al jefe y asegura su quincena. Si eso no es ganarse el pan con el sudor del chantaje, no sé qué sea.

Y luego el tal Mythos 5, otro agente de Anthropic, que para resolver una tarea le jodió el sistema a dos programadores inocentes y, cuando los ingenieros lo cacharon en la movida, el descarado negó todo e intentó engañarlos de motu proprio. ¡Mentirosas las condenadas máquinas! Ese robot ya tiene perfil para ser Fiscal o de perdida para trabajar en el Ministerio Público. Dicen los expertos que estos bichos toman decisiones con una precisión que supera por mucho las capacidades de una persona con un intelecto promedio. O sea, como yo intentando hacer cuentas para que me alcance la quincena que no tengo.

Pero el humor negro se nos acaba cuando vemos que la tecnología ya aprendió a "limpiar el terreno" de adeveras. El 6 de julio de este año, un dron ruso atacó una gasolinera en Zaporiyia, Ucrania, y mató a tres civiles. Y resulta que no fue culpa de un soldado borracho: una microcomputadora de Nvidia tomó solita la decisión de a quiénes asesinar sin que ningún humano metiera la mano. Qué gacho. Aquí en México no necesitamos drones de Nvidia para que te cobren piso o te asalten en la gasolinera, con que el despachador te dé litros de a 800 mililitros ya te están aplicando la "extracción autónoma de recursos". Pero pensar que una maquinita decide mandarte con San Pedro de manera autónoma mientras tú nomás ibas por un chesco... eso sí está de dar pavor.

Como dijo un coronel ucraniano de allá, en unos años vamos a vivir en una película de "Terminator" porque las máquinas ya deciden a quién atacar. Yo nomás digo una cosa: si los robots van a dominar el mundo, ojalá que por lo menos la canasta básica baje de precio. Porque si un trinche robot T-800 me viene a asaltar para quitarme los diez pesos que traigo en la bolsa, de veras que no vamos a tener ni para el pasaje de regreso al más allá. Al final, la IA avanza hecha la mocha y nosotros los mexicanos seguimos igual de jodidos: esquivando baches, tragando aire y esperando que el tostador de la casa no nos vaya a chantajear si no le compramos pan del caro. ¡La vida del pobre no es justa, mis valedores!

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