Las palabras presidenciales han resonado con fuerza desde una preparatoria en Georgia. Donald Trump ha dejado claro el rumbo que está tomando la industria automotriz al confirmar el éxodo de inversiones: "Toyota acaba de anunciar que se va de México y que vienen aquí; van a construir la planta más grande del mundo". Para el mandatario, este movimiento representa el éxito de la nueva época dorada que su gobierno impulsa, señalando sin titubeos que "todos se están yendo de Canadá, se están yendo de México. Vienen de Alemania, Japón y Corea del Sur; vienen de todas partes".
Y mientras la diplomacia busca explicaciones técnicas, la fría realidad corporativa nos da una bofetada con guante de seda. El anuncio oficial de Toyota, revelado el pasado 6 de julio de 2026, detalla que invertirán la friolera de 3,600 millones de dólares en Texas para mudar parte de su producción de camionetas. Pero claro, para que el golpe no se sienta tan feo y el orgullo nacional no termine completamente en el deshuesadero, los ejecutivos japoneses decidieron aplicar el sutil arte del desprecio a medias: la empresa seguirá fabricando la camioneta Tacoma en su planta de Guanajuato.
Traducido al idioma de los mortales: se llevan la inversión milmillonaria y la tecnología de punta a Texas, pero nos permiten conservar la planta del Bajío para que sigamos sintiéndonos útiles armando camionetas. Qué considerados.
La joya del pastel de esta mudanza es la tremenda eficiencia de su planeación. Si usted pensaba que mañana mismo veríamos las caravanas de ingenieros migrando al norte, puede tomar asiento. La nueva línea de producción en Texas tiene previsto arrancar operaciones en el lejano año 2030. Cuatro años de paciente espera para ver materializada la megaobra.
Pero lo verdaderamente sublime de este despliegue de 3,600 millones de dólares es que solo generará 2,000 empleos en Texas. Es profundamente reconfortante saber que las mentes más brillantes de la planeación global consideran un éxito rotundo gastar la módica suma de 1.8 millones de dólares por cada puesto de trabajo creado. Sin duda, un modelo de optimización financiera que debería enseñarse en todas las universidades.
Mientras tanto, en la Ciudad de México arranca la tercera ronda de conversaciones formales para la revisión del T-MEC. Seguramente nuestros negociadores tendrán un gran tema de conversación para romper el hielo mientras ven cómo la producción de Baja California empaca sus maletas. Pero no se preocupen si las cosas con el vecino del norte se ponen difíciles: las fuentes nos recuerdan que México y Malasia buscan fortalecer su relación económica. Tal vez podamos cambiar camionetas Tacoma por un excelente cargamento de aceite de palma. ¡México mágico!
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